Ándale Juana no te dilates…

Bueno, ya comimos, ya bebimos (de qué manera Madre de Dios), ya les partimos Sumatra a las piñatas ( 20 piñatas, pa´ser precisos); ya lloramos, cantamos, reímos; ora viene lo mero bueno… levantar la mesa,  lavar los trastes, levantar los pedazos de la maceta de Talavera, que alguien confundió con alguna piñata copetona, hacer corajes por las manchototas en el mantel de las nochebuenas, descubrir que alguien vino a devorar el resto del guajolote mientras todos dormíamos, etc.

Yo he de confesar, tuve que venir a mi santísimo hogar a recuperar unas cuántas horas de sueño (y la compostura también); la neta, llegué a muy temprana hora, las 4 de la mañana, y digo que era temprano porque la bacanal celebración terminó el dia 25… a las 9 de la mañana, así que no hay bronca. Cuando abro la puerta, lo único que alcanzo  a hacer es  dejar las llaves sobre mi mesa de centro, porque quedé como tapete de Temoaya, no me dió tiempo de llegar a mi camita y caí de bruces (y de madrazo) al suelo; el frío ni lo sentí porque llegó mi edredón con patas y se enroscó a mi alrededor.

Recibo una llamada en mi cel, y antes de cualquier otra cosa, me fijo en el número y doy gracias a todas las potencias celestiales que apagaron mis ya clásicas y conocidas fumarolas y no me dejaron soltar una de mis maldiciones, pues fue una llamada que me alegró el momento, y le quitó lo frío a la madrugada. Me levanto y busco algo de beber  SIN ALCOHOL, POR EL AMOR DE DIOS, porque, contrario a lo que pueda parecer, no bebo; no soy abstemia total, pero a mí, los chocolates envinados ya me hacen terminar llorando, ora imagínense si agarro la jarra, me les muero en ese instante. Además, eso de andar por la vida oliendo a torunda de algodón de hospital (a puritito alcohol) no es lo mío.

Mis retoños se quedaron en casa de los abuelos, nada problemático, ya que ellos viven a 10 minutos de mi casa, no hay problema; el que la tuvo difícil fue el Santo Clós, llegó en el mero momento, y que lo apañamos, ya se quería ir el wey, pero que le quitamos las botas y que se las escondemos; “De aquí no sales wey”, y que lo ponemos hasta las chanclas hasta que tuvo la nariz tan roja como el reno que va hasta delante de su trineo, bailó limbo rock y nos hizo striptease. El próximo año los juguetes los va a traer el Niño Dios porque la impresión fue demasiado dura para nosotros.

Lo de la levantada  del tiradero no tuvo mayor bronca, pues con semejante batallón todo fue cosa de unas horitas más de desmadre sana convivencia; unos llevaban todo a la cocina, otros lavaban la loza (porque mi madre usar platos, vasos y cubiertos desechables… ¡¡¡ JAMÁS, NO SEÑOR !!!; por glamour y por ecología), aparte de que acabamos rete rápido, porque quién sabe qué pasó, pero a la cocina llegaron menos trastes de los que salieron; cuestión de metafísica o de las manos de estómago de mi primos Gino y Joe (no, no son “sensibles” o jotos, son hijos de padre italiano, por eso los nombres), que, desconocedores del poder catastrófico del  mezcal, lo bebieron con una alegría tan despreocupada como si fuera Jarrito de limón, y luego se metamorfosearon en  trompos de Apizaco, nomás andaban dando vueltas por toda la casa hasta que lograron bailar Zorba el Griego con el arbolote de mi mamá, tan milenario como el del tule de Oaxaca… gracias a ellos ahora hay nuevo pino en casa, y no saben los suplicios pa´conseguir uno, en pleno 25 de diciembre, y además, atiborrarlo de adornos, los que quedaron rescatables,claro.

Y para hacer menos agónica la labor de redecorar la plástica conífera, nos pusimos a cantar eso de “Ándale Juana, no te dilates… para arreglar todo lo que desmadrates, ándale Juana, sal del rincón… con la pistolita y con el silicón”. No sé si mi madre sea terrenal o no, el caso es que ella tomó todo con tan buen humor y con tanta alegría, que hizo de este momento, que empezaba a ser bochornosísimo para mis italogabachos parientes, una razón más para desear fervientemente la próxima Navidad, con todo y mezcal, pero alejando a la parentela de los ornatos.

¡¡¡ Felicidades a todos, aunque sea a destiempo !!!

He dicho.

El batallón (el de gente y el de las compras)

Fin de semana en Cuernavaca, sin celular,sin computadora, sin ruido; paseo por Tepoztlán, recarga de buena vibra… para venir a descargarme en menos de una hora con los preparativos de la cena de Navidad. A mí me ha tocado hacer el bacalao, cuestión que no me atemoriza en lo absoluto, porque he tenido a un maestro de película, mi apá; lo que me enroncha es el tener qué ir por lo que necesito, pero pos ni modo; vamos a comenzar.

En primer lugar, mi venerada madre me ofrece que le deje a mis criaturas para que yo pueda ir con todísima calma a hacer mis compras,  trato que acepto de inmediato, aparte, está haciendo un frío jijuesú y se me van a enfermar de nuevo así que son depositadas en los cálidos brazos de su abuela (cálidos tanto en sentido figurado como real, mi madre no tiene comparación; gracias Big Boss, por dejármela y permitir que mis hijas la disfruten)

Veamos, mi contingente familiar se compone por personas radicadas en Gabacholandia y en la madre… patria; así que, por fin, el tan ansiado momento en que parte de mis dos familias se reúne ha llegado; porque los que vienen del viejo continente son los Villalpando buena onda, los que tienen los pies en la tierra; curiosamente los intratables son los de aquí, probecitos ellos. Y si le agregamos a la banda de los Saldivar Servín Saavedra de la Mora y Aragón (no, no se trata de ningún cartel, así nos apellidamos), quienes proceden de varios estados de la Unión Americana, pues resulta que nos juntamos la nada despreciable cantidad de 120 sujetos, sin contar a los amigos que llegarán a casa de mis jefes; cómo nos gusta esto de ser anfitriones, la neta.

Bueno, ya conociendo ustedes la aglomeración que representa esta cena, podrán darme la razón de que 8 kilos de bacalao, no van a ser suficientes pero si ni de chiste, por lo que aumento 7 kilos más y que Dios nos ampare. Me decido y voy a Superama, bonito y de muy buena calidad, y aprovecho para llevarme el aceite de oliva, el cilantro, los chiles weros las aceitunas, las cebollas, el jitomate y, porqué no, una botelluca de Rompope  Coronado; quiero ponerme hasta las chanclas. Pero, oh sorpresa; al entrar a la mencionada tienda de autoservicio, me encuentro con una cantidad de gente tan grande que parece peregrinación a La Meca, pero no,  es más bien la peregrinación a las cajas. Dos horas, niños profiriendo voces de angustia que suenan a algo más o menos así: “¡¡¡ MAMÁAAAAAAAAAAAA, TENGO HAMBRESUEÑOGANASDEIRALAPIPÍYALAPOPÓ NOMECOMPRASTEELCABALLITOQUEQUERÍAESACOSANOMEGUSTAYNO MELAPIENSOCOMERYANOTEQUIEROMEVOYCONMIPAPÁ,BUÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁ !!!

Y la madre, sin sufrir alteración alguna, sigue hojeando con paciencia de yogui su relajante y transmutador HOLA!; que nos trae la muy indispensable y de vital importancia información  de que la reina Rania de Jordania se ha comprado un nuevo talco pa´las patas que le costó $995 mil dólares, es que está hecho con polen de orquídea susurrante, materia prima por demás carísima (pero qué fatiga pues, si el Ting es re bueno y no sale así de caro, pero esta gente, tan naca)

Por fin, alcanzo el Nirvana la salida y recibo un mensaje que dice “Te tocaron los buñuelos (a mí nadie me ha tocado nada, lo juro), compra las cosas”. Lanzo una fumarola y una maldición y me encamino hacia el mercado,en donde adquiero harina de trigo, canela en rama, canela en polvo, azúcar morena y demás artilugios culinarios para elaborar tan mazacotudo y delicioso postre. Después de aproximadamente cuatro horas y media, llego a mi guarida y selecciono los utensilios para mi maratónica labor. Antes que otra cosa suceda, llamo al padre de mis hijas y le pido que venga por ellas el día 23, que es cuando hacemos todo, todo, porque el sabor del recalentado es simplemente incomparable; accede de inmediato, no sin antes escuchar mi horda de recomendaciones y amenazas de que si no las cuida y atiende como Dios y yo mandamos, las espinas del bacalao las voy a ocupar para darle una sesión de acupuntura.

En estos momentos me encuentro haciendo labor de autoconvencimiento y acopio de fuerza, la cocina es desgastante, así que ahorita, nada de trabajo, sólo descanso, que  en dos días más no voy a estar sentada ni diez minutos de corrido.Ah, y aviso a toda la parentela que lee esto, nomás donde me salgan con que “al pescado le faltó sal, le sobró cebolla, está duro, le faltó cocerse; a los buñuelos les falta azúcar, están muy dulces, no se pueden morder, están re aguados…” NO PIENSO ALTERARME, NO SEÑOR, MÁS BIEN TOMARÉ LO QUE EN ESE MOMENTO TENGAN SOBRE SUS PLATOS Y LO VACIARÉ LENTAMENTE SOBRE SUS CRÁNEOS, DIGO, PARA QUE PIENSEN MEJOR SUS COMENTARIOS.

He dicho.

Estos trinches predicadores.

De veras que no entiendo, en serio que no puedo entenderlo, ¿por qué, cuando tiene uno más prisa, cuando todo se junta en un mismo instante, se aparecen?. Y son, al parecer, detectores y productores  de calamidades, porque si uno no las tenía hasta ese momento, se manifiestan como por arte de magia. Ayer me encontraba esperando mi nueva maquinaria para mi trabajo; una cortadora láser para madera que me va a permitir acelerar el tiempo de producción. Pues bien, ya tenía todo listo y con toda la disposición del mundo, pues la maravillosa herramienta viene con capacitación incluida.

A las 11:30 de la mañana, llaman a mi puerta; y yo, ya muy lista, con mi camiseta, mi overol de mezclilla y mi equipo de protección, corro a atender el llamado y me topo con…

– Buenos días hermana, ¿cómo amaneció usted hoy?

(Inserte usted mirada de extrañeza debida a la absoluta estupidez de la pregunta)

– Pues como todos los días, acostada, cobijada y greñudísima

(Inserte usted mirada de “no entendí ni madre de lo que me dijo”)

– Le traigo una muy buena noticia, lo que usted estaba esperando.

– ¡¡¡ Mi cortadora láser ya llegó !!!

(Inserte usted, nuevamente, la mirada antes mencionada)

– ¿Mande?

– Que ya está aquí mi cortadora de madera.

-Ah, no, no lo sé.

-¿Entonces cuál es  esa buena noticia que me tiene?

(Inserte usted una búsqueda en chinga de un folleto en un bolso de mano)

-Esta, que su alma aún puede salvarse.

(Inserte usted caída abrupta de mandíbula y desorbitamiento de los globos oculares de la que esto escribe)

– ¡¡¡ ¿QQQQUUUUÉÉÉÉ ? !!!

Y así, sin más ni más, se suelta la imprudente emisaria del profeta Samuel (o vaya usted a saber de quién) con su mística y prometedora retórica de que, si me uno a su legión de maniáticos amargados (porque no celebran nada), mi alma va a ser una de las 41 000 afortunadas en ver al Big Boss de frente, sin intermediarios (ajá, sí, cómo no, ¿entonces ellos de qué la giran?). Y es entonces cuando presiento lo inevitable, sé que va a ocurrir; Belcebú llega silbando, y sin previo aviso, entra en mi cuerpecillo y me hace su portavoz oficial.

– ¿Y QUÉ LE HACE SUPONER A USTED QUE MI ALMA NECESITA SER SALVADA?

(Inserte usted sustazo digno de salto de garrocha por parte de la adoctrinante a domicilio)

– Pues porque se nota a leguas que es usted víctima del paganismo, por la gran cantidad de adornos navideños que veo.

– ¿Y ESO A USTED POR QUÉ LE MOLESTA, QUE ACASO ME LOS HA PATROCINADO CON LANA DE SU BOLSA?

– No, desde luego que no, pero piense en el bienestar de su familia.

(Inserte usted, aquí mismo, el nombre de conocido blog del que me considero adicta, y usted también, seguramente)

-¡¡¡ HAZME EL CHINGADO FAVOR, ORA RESULTA QUE MI FAMILIA ESTÁ DAÑADA POR MIS ADORNOS !!!

– Es que eso son cosas de Satanás porque él orilla a los débiles a…

Y su tarado discurso se pierde en la inmensidad del zumbido de mis orejas, cosa que antecede a un sonorísimo azotón de puerta, que por poco derrumba mi sacrosanta vivienda. De nuevo llaman a la puerta; y ahora sí, con el atavío completo, cola, cuernos, fumarolas emitidas por mi boca, ojos amarillos y chispeantes y con un hermoso tono de piel algo así como bermellón y degradado en rojo carmín, abro de nuevo la puerta y emito un ¡¡¡ ¿AHORA QUÉ CHINGADOS QUIERE? !!!

El representante de la casa en donde adquirí mi cortadora pega un brinco tan grande, que me hace pensar en candidatearlo de inmediato al equipo olímpico mexicano de salto de altura; pone cara de infarto al miocardio y me suplica, más que decirme:

– ¡¡¡ NADA, NADA, SE LO JURO, SÓLO VENGO A DEJARLE SU MÁQUINA Y A DECIRLE CÓMO FUNCIONA !!!

De súbito, el muy desgraciado cobarde de Belcebú me abandona susurrándome “Ora arréglatelas como puedas y quítale el susto a este buen hombre, yo me largo” y tengo qué deshacerme en disculpas con este inocente señor, el cual, durante toda su estancia en mi casa, no dejó de mirarme con una mezcla de terror y precaución,lo único que me inquieta es que nunca soltó su martillito, y jamás me dio la espalda.

De veras que no entiendo,  en serio que no puedo entenderlo.

He dicho.

Travesía Cotidiana.

Esta crónica citadina fue inspirada por el queridísimo osazo de mi vidaza, que en su blog tiene una serie de vivencias propias y extrañas dentro de este medio de transporte.

Hace unos cuantos ayeres (no pregunten cuantos), me dirigía a mi escuela en el metro, ya saben, ensimismada en multitud de pensamientos y proyectos, aparte de que en ese día en particular yo tenía un examen bastante pesado. Como casi siempre, me toca ir de pie y esa es una cosa a la cual no le concedo mayor importancia, total, a nadie se le va la vida por ir de pie, al contrario de quienes están dispuestos a dar la vida misma por un asiento.

En medio de la multitud matutina, un sujeto se coloca a un costado de la que esto escribe y se acomoda recargado en la puerta del vagón. Sujeto completamente extraviable, sin nada que llamara  la atención; el metro seguía su marcha y todos con nuestra modorra. De repente, yo alcanzo a sentir algo extraño,y de inmediato caigo en la cuenta de lo que sucede; el sujeto totalmente extraviable QUIERE  SACAR MI CARTERA,QUE SE ENCUENTRA GUARDADA EN UNA DE LAS BOLSAS TRASERAS DE MIS JEANS.

Pero no crean ustedes que lo hace con discreción y fineza, nooooo, lo está haciendo como si estuviera apachurrando una naranja para extraerle el jugo, acción suficiente para desatar al dragón que llevo dentro. Sin hacer ningún aspaviento, súbitamente tomo su mano, mejor dicho, prenso su mano y la saco de inmediato de donde estaba, logrando así la atención de los demás pasajeros porque el infeliz caco pega un alarido como de marrano en matadero, tantito el susto, tantito el dolor.

Afortunadamente, no llega a mi cabeza la abismalmente estúpida pregunta de “¿Qué estabas haciendo wey?”; porque la respuesta muy probablemente me hubiera empanterado mucho más “¿Yo?, nada?”, así que sólo le dirijo una mirada tan intimidatoria como un cuerno de chivo y continúo con mi labor de tortura; hasta que lleguemos a la próxima estación (Pino Suárez), sin importar que yo me pase de mi destino original.

Y mientras tanto, el sujeto comienza una ininteligible letanía desesperada de frases suplicantes de piedad y misericordia, de entre las cuales se alcanza a distinguir una que le atribuye a mi madre calidad de deidad; “Por haberla puesto en este mundo, reinita”; letanía que lejos de apaciguarme, me exacerba aún más y provoca que mi sacrosanta mano le amorate la suya por la tremenda presión ejercida.

Llegando a la estación anteriormente referida, salgo yo junto con el bulto ese, pero él en labor de reconocimiento de suelo, es decir, arrastrado y profiriendo plegarias. Me dedico a ignorarlo y lo llevo a la jefatura de estación para que se hagan cargo de él. Cuando llego al cuartelito, muy decentemente me paro en la puerta y comienza mi protagónica interpretación. “Buenos días señor, oiga aquí traigo a este pend… que quería volarme la cartera”. El muy trajeado sujeto me mira como si lo que estuviera frente de él fuera un minotauro, deja su vasito de unicel  con  aromático café,  su bolsita de pan chino y me cuestiona  lo  siguiente “¡ ¿Y USTÉ SOLITA LO APAÑÓ? !”

Utilizando de nuevo la mirada, pero ahora en modo “si serás idiota, pues claro que sí”, le respondo “Bueno, aquí se lo dejo, yo ya cumplí, ahora le toca a usted”. Lo que a continuación viene es la máxima expresión del valemadrismo y la ineptitud; el trajeado desayunante le dice “Ya vas mi Calcetín, otra de esas y ora sí te llevo al ministerio, ¿eh cabrón?”. O sea, el distinguido Calcetín y el trajeado SE CONOCEN, NO ES LA PRIMERA VEZ QUE LO APAÑAN, Y NI CREO QUE SEA LA ÚLTIMA, DADA LA SUTIL ADVERTENCIA QUE PENDE SOBRE LA CABEZA DEL CALCETÍN.

Ante tan inverosímil situación, no me dejan otra alternativa mas que mentarles su madre, adornándola con cuánto adjetivo insultativo me viene a la mente, pero eso sí, el trajeado se alebresta de tal forma que a mí sí me toma del brazo y me quiere conducir a no sé dónde por haber mancillado su inmaculado honor de servidor público  (para ser honesta con ustedes, si el trajeado hubiera tenido el mismo aspecto que Sean Connery, me cae que no hubiera puesto yo ni el más mínimo de los peros, lamentablemente era idéntico a Jorge Ortiz de Pinedo, y a sí, ni a misa con él).

Luego de un sutil y convincente “Suéltame wey, porque te la parto a tí también””, nos despedimos con un efusivo movimiento de brazo dedicado a nuestras mutuas jefas, y yo continúo con mi travesía, que para esos instantes, ya era de media hora de retraso; y ahora,, mis pensamientos se centran en apelar a la voluntad del Señor de la Misericordia, para que mi maestro de Historia del Arte se apiade de mí y me aplique ese maldito examen.

He dicho.

Sábado esotérico.

Sabadito en Chilangolandia; bastante descansado después de la maratónica jornada de ayer, ya era justo y necesario para mí. Dios existe, de eso no hay duda, porque llegaron mis viejitos lindos y me echaron la mano llevándose a mis nenas a pasar la noche a su casa porque hornearon galletas, pusieron su árbol (artificial, claro está) y su nacimiento que, por increible que parezca, aún conservan intacto desde hace más de 20 años, sobreviviendo al embate de una criatura cuyas manos tenían la misma función que el estómago; afortunadamente ya he modificado mis hábitos y sólo convierto en materia tan fea a quienes se pasan de lanza.

En medio de un tremendamente reparador sueño, percibo algo que me causa extrañeza, es algo incómodo y angustioso, siento un movimiento a los pies de mi cama, algo así como un sismo; dentro de mi somnolencia empiezo a pensar en las posibles respuestas, tal vez sean los efectos del vino con el que acompañé mi cena y mi velada, tal vez, en efecto , se haya presentado un movimiento telúrico mínimo (cosa que me causa un terror absoluto, lo vivido en 1985 sigue muy presente).

Descarto en seguida cualquiera de esas dos opciones, porque de inmediato algo pesadísimo se coloca encima de mis pies y comienza a subir por todo mi cuerpo, aún con los ojos cerrados, el miedo me hace su presa, esto no me había pasado jamás y no creo que sea lo que estoy pensando, en la famosísima subida del muerto; y mi muy despierto subconsciente hace acto de presencia y decreta que si el que se está subiendo es Freddie Mercury, por fin mis plegarias han sido escuchadas, aunque, sabiendo de sus gustos, sólo sea para tener una amenísima conversación; pero lo que sea es bueno, pus que.

De nuevo, y para mi desgracia descarto esa suposición, porque mi mano derecha hace un movimiento y alcanza a tocar algo, es sólido, caliente y con bastante pelo. Antes de que mi subconsciente regrese y me la haga de emoción de nuevo, el objeto se adelanta y de plano, se coloca totalmente encima de mí, cuan largo y pesado es.

A estas alturas yo estoy paralizada de pánico  y hago un atento llamado a toda la corte celestial para que venga en mi auxilio, pero por lo visto, la pachanga en casa de Mamá Lupita estuvo re buena, porque nomás nada que se aparecen; y esta cosa encima de mí, Madre Mía, el pánico aumenta porque siento un jadeo atroz y un líquido espeso sobre mi cara, me lleno de valor y decido abrir los ojos para enfrentar al maligno ente que se ha atrevido a perturbar mi santísimo descanso.

Lo único que alcanzo a distinguir, a 10 centímetros de mi cara, son dos círculos, de tamaño pequeño, profundamente negros y una cosa igualmente oscura, pero mojada, todo rodeado de una inmaculada blancura. Como no alcanzo a carburar correctamente, sólo puedo lanzar un alarido y pegar un brinco como si fuese rana del Amazonas, con lo que consigo que mi atacante pierda su sitio privilegiado; y entonces sí, a enfrentarlo.

Por más que busco al horripilante ser causante de mi angustia, al único que encuentro es a Obelix, mi fiel acompañante de níveo pelaje; y en el que detecto una mirada inquisitoria. ¿Ora tú, qué traes? es lo primero que le pregunto;  y me dirije una mirada de “pobre mujer, espera que le conteste, pero si supiera lo que estoy pensando… ”

Me dirijo de inmediato a la regadera para quitarme sus babotas y cuando salgo, me dispongo a jugar con él, pero no responde a ninguno de mis arrumacos; ¿te sientes malito, tienes hambre?, le pregunto al borde de la histeria, y de nuevo, recibo la mirada anteriormente descrita, y, de repente, caigo en la cuenta; son las 10:30 de la mañana y el pobre no ha salido a vaciar su aparato digestivo, y ya que capto lo que le sucede, me mira  con cara de “pedazo de grandísima pend…, a ver aguántate tú 5 horas y media y ten ánimos de jugar, babosa ”

Me atavío con mis clasicos pants azul y oro y me lo llevo a dar su vuelta, pobrecito, y ya que termina de hacer lo que tenía qué hacer, entonces sí, me da una arrastrada magnífica, tantito por jugar y tantito por vengarse.

He dicho.

Estas modas nuestras, Dios mío…

No pos sí, bien padrísimo que es eso; de repente todos nos ponemos de acuerdo y decimos:  ¡¡¡ VAMOS A COMPRAR EL ÁRBOL !!! Y comenzamos la organización del evento como si fuéramos a dar un concierto en el Estadio Azteca; el papá pone el coche, la mamá se pone guapa con los tacos y las tortas, el cuñado se cae con el pomo, la hermana se encarga de llevar la gelatina de rompope y de piñón, el compadre los vasos, platos y todo lo necesario para el buen comer; y los niños su navideño entusiasmo; todo listo para hacer de ese día, la epopeya perfecta.

Sábado, dicen todos, el sábado es ideal, nos desvelamos,los niños se cansan y tenemos el domingo pa´recuperarnos. Y los chamacos comienzan esa inclemente cuenta de los días con la que suelen atormentar a todo el mundo, ya desde el lunes comienzan a vociferar que el sábado es el día, El Gran Día de Ir por El Árbol de Navidad. El viernes en la noche el entusiasmo es tal que impide la conciliación del sueño de manera natural, por lo que se tiene que recurrir a esa arma infalible que toda madre tiene; la chancla, y si le agregamos el terrorismo psicológico de la amenaza de hablar por teléfono a toda la parentela y cancelar el evento, el sueño es obligado a llegar en ch…ápido.

Sábado 9 de la mañana; la típica estampa familiar mexicana forma el contingente y se dirigen al Bosque de Tlamacas (cercano al DF, y en donde se consiguen los árboles más baratos, 450 pesos parejos, estén grandes, chicos, flacos, pachones, verdísimos, palidones, etc). En el camino todos van cantando, contando chistes y ya sintiendo el espíritu navideño recorrerlos de pies a cabeza. Al llegar, atropelladamente se baja todo el mundo del carro y maltratando el bello suelo boscoso y tirando el chicle que es arrojado sin cuidado al piso, se encarreran hacia la zona en donde están esperando ya las víctimas los arbolitos.

Y comienza la emoción, los chamacos corren de un lado a otro entre los pinos, para calar su resistencia les tronchan algunas ramas y en base a eso se hace la elección, la mamá y la tía prefieren estrujar el follaje y respirar el fresco aroma, y, como si los pinos tuvieran una gran variedad de olores, los van maltrechando de uno en uno, hasta que las manos les pican por la savia de la aterrorizada conífera.

Hecha la elección, proceden a cortarlo, amarrarlo, envolverlo y aventarlo al toldo del carro, el pino se pregunta cuánto irán a pedir de rescate por él (a final de cuentas, ni ellos se escapan del secuestro). La familia parte hacia otro boscoso lado, llenos de felicidad por el crimen la elección. Buscan un lugar bonito y limpio y deciden asentarse para “echar un taco”; extraen toooooodo su cargamento de víveres y utensilios para alimentarse, eso sí, previo aseo con gel antibacterial, no vaya a ser la de malas y pesquen un bicho por andar entre la mugre del bosque (¿?).

Tras un rato de sano esparcimiento, se van, medio cuetes pero bien contentotes, ya van a tener su navidad bien a toda madre, el protagonista va en calidad de ilustración de campaña de Amnistía Internacional, atado, cubierto e inmovilizado, sin comprender que su tristeza es la dicha de otros.  Tendrán su navidad verde, verde, sin reparar en el pequeño detalle de que dejaron el lugar en el que comieron, como si un tornado hubiera pasado por ahí, bolsas de plástico, platos y vasos desechables, servilletas y papel de baño, y, como para darle su toque maestro, todo está aderezado por agua de riñón humana y de can (porque el perro es infaltable en estas tertulias campiranas) y… uno que otro desecho sólido de los mismo orígenes.

Yo les había prometido a ustedes, muñecazos, que no iba a tratar ninguno de estos temas tan controversiales, pero la neta, la cerrazón mental de la gente me hace preguntarme el porqué no ven más allá de su nariz, el porqué les da tanta emoción mutilar un árbol y no sienten piedad a la hora de llevarlo al camión de la basura o de dejarlo en la banqueta.

Por cierto, por favor visiten justintv, es el canal del amigo B. Kawamax; que tiene un material excelente; una película llamada Home, padrísima y ojalá pudiera difundirse de manera masiva porque eso no puede seguir manteniéndose desconocido, saludos a todos.

¿Arrugas, yooooooooo?

No se puede evitar, es imposible; por más que le haga uno, llegarán, como estados de cuenta, en el momento más inoportuno (bueno, hay qué hacerles justicia, para nosotras, en el momento en que ellas se presentan, el que sea, es el momento más inoportuno). Hace unos días que me preparaba para asistir a una boda, fufurufísimamente nais, por cierto, me encontré una arruga; y contrario a lo que había yo pensado durante toda mi vida, no entré en pánico.

Tal vez porque llevaba ya mucha prisa, porque me tenía qué concentrar en arreglarme decentemente para no parecer que me había maquillado Tamayo, o porque realmente me vienen valiendo un sorbete, pero el caso es que hasta sentí simpatía por ella, más me vale, puesto que me acompañará hasta el final de mis días, y hasta se ve chula de bonita, en la mera frente.

¿Cirugía? Ni máiz, odio los hospitales,los odio con odio jarocho (esta frase llegó hasta ustedes cortesía del Ratón Crispín, super héroe jarocho cuya única gracia en su vida fue acuñar este dicharacho); por lo tanto, esa no es, ni tantito, una opción para mí. Además, por vida de Dios, es sólo una; es muy sabido que las personas que tenemos tez color panza de pulpo nos arrugamos (físicamente, claro) más pronto que quienes fueron bendecidos por tener la piel un poco más oscura.

Y en todo caso, es muy conocido que estas restiradas de cuero se llegan a a hacer adictivas, si no me creen, nomás échenle un ojo a Silvia Pinal o a la Tigresa, señoras respetables muy conocidas en el medio farandulero, que si bien, en sus épocas dieron muestras de algún talento, hoy dan muestras del inclemente paso del padre tiempo. Porque, no me lo van a negar, en sus años mozos (¡¡¡pá´su mecha, ya llovió!!!), no eran de mal ver, su piel era rozagante, cual nalga de bebé, y la neta se veían guapetonas.

Hoy en día… ¡¡¡ MADRE SANTA !!! Las ñoras se han ganado a pulso, y a punta de bisturí, el mote de Flipper, y no porque sean muy amistosas ni porque auxilien a cuanto acalambrado bañista le ande dando el soponcio mientras se encuentre haciéndole al Michael Phelps (¡¡¡APACHURRRRRRRROOOOOOOO!!!), no; la razón de tal mote es porque ya llevan tanta estirada, que ya tienen el ombligo en la nuca, nomás que ellas no respiran por ahí

Y mi pregunta es ¿por qué chingaos no se acepta el tiempo con dignidad, si es tan bonito? Yo, en lo personal, no cambiaría nada de mi vida, ni siquiera los detalles que me han hecho mentar madres hasta el cansancio, porque sin ellos, no vería las cosas de la forma en que la percibo. Y eso de cambiar la fisonomía de manera tan grotesca, por lucir como quinceañera setentona es demasiado, el resultado es invariable, termina uno como mono de la ópera de Pekín y con los ojos de Hello Kitty, uno en cada extremo de la cabeza.

Yo veo a mi madre, mi viejita hermosa, lucir sus 73 años con tanto orgullo y dignidad que , a we…rza eso se contagia y deseo llegar a la misma edad que ella con esa misma actitud, a pesar de que ya perdió la vista casi por completo. Pero, mientras tanto, déjenme ir a retirar mi mascarilla de avena, huevo, barro del Nilo y guano de alpaca andina, me dijeron que era una maravilla para conservar la piel, y me cae que sí es verdad, me la ha conservado como parte del conjunto de Macchu Picchu, resquebrajada y gris… pero quién me manda, todo por querer parecer quinceañera treintona.

He dicho.

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