Travesía Cotidiana.

Esta crónica citadina fue inspirada por el queridísimo osazo de mi vidaza, que en su blog tiene una serie de vivencias propias y extrañas dentro de este medio de transporte.

Hace unos cuantos ayeres (no pregunten cuantos), me dirigía a mi escuela en el metro, ya saben, ensimismada en multitud de pensamientos y proyectos, aparte de que en ese día en particular yo tenía un examen bastante pesado. Como casi siempre, me toca ir de pie y esa es una cosa a la cual no le concedo mayor importancia, total, a nadie se le va la vida por ir de pie, al contrario de quienes están dispuestos a dar la vida misma por un asiento.

En medio de la multitud matutina, un sujeto se coloca a un costado de la que esto escribe y se acomoda recargado en la puerta del vagón. Sujeto completamente extraviable, sin nada que llamara  la atención; el metro seguía su marcha y todos con nuestra modorra. De repente, yo alcanzo a sentir algo extraño,y de inmediato caigo en la cuenta de lo que sucede; el sujeto totalmente extraviable QUIERE  SACAR MI CARTERA,QUE SE ENCUENTRA GUARDADA EN UNA DE LAS BOLSAS TRASERAS DE MIS JEANS.

Pero no crean ustedes que lo hace con discreción y fineza, nooooo, lo está haciendo como si estuviera apachurrando una naranja para extraerle el jugo, acción suficiente para desatar al dragón que llevo dentro. Sin hacer ningún aspaviento, súbitamente tomo su mano, mejor dicho, prenso su mano y la saco de inmediato de donde estaba, logrando así la atención de los demás pasajeros porque el infeliz caco pega un alarido como de marrano en matadero, tantito el susto, tantito el dolor.

Afortunadamente, no llega a mi cabeza la abismalmente estúpida pregunta de “¿Qué estabas haciendo wey?”; porque la respuesta muy probablemente me hubiera empanterado mucho más “¿Yo?, nada?”, así que sólo le dirijo una mirada tan intimidatoria como un cuerno de chivo y continúo con mi labor de tortura; hasta que lleguemos a la próxima estación (Pino Suárez), sin importar que yo me pase de mi destino original.

Y mientras tanto, el sujeto comienza una ininteligible letanía desesperada de frases suplicantes de piedad y misericordia, de entre las cuales se alcanza a distinguir una que le atribuye a mi madre calidad de deidad; “Por haberla puesto en este mundo, reinita”; letanía que lejos de apaciguarme, me exacerba aún más y provoca que mi sacrosanta mano le amorate la suya por la tremenda presión ejercida.

Llegando a la estación anteriormente referida, salgo yo junto con el bulto ese, pero él en labor de reconocimiento de suelo, es decir, arrastrado y profiriendo plegarias. Me dedico a ignorarlo y lo llevo a la jefatura de estación para que se hagan cargo de él. Cuando llego al cuartelito, muy decentemente me paro en la puerta y comienza mi protagónica interpretación. “Buenos días señor, oiga aquí traigo a este pend… que quería volarme la cartera”. El muy trajeado sujeto me mira como si lo que estuviera frente de él fuera un minotauro, deja su vasito de unicel  con  aromático café,  su bolsita de pan chino y me cuestiona  lo  siguiente “¡ ¿Y USTÉ SOLITA LO APAÑÓ? !”

Utilizando de nuevo la mirada, pero ahora en modo “si serás idiota, pues claro que sí”, le respondo “Bueno, aquí se lo dejo, yo ya cumplí, ahora le toca a usted”. Lo que a continuación viene es la máxima expresión del valemadrismo y la ineptitud; el trajeado desayunante le dice “Ya vas mi Calcetín, otra de esas y ora sí te llevo al ministerio, ¿eh cabrón?”. O sea, el distinguido Calcetín y el trajeado SE CONOCEN, NO ES LA PRIMERA VEZ QUE LO APAÑAN, Y NI CREO QUE SEA LA ÚLTIMA, DADA LA SUTIL ADVERTENCIA QUE PENDE SOBRE LA CABEZA DEL CALCETÍN.

Ante tan inverosímil situación, no me dejan otra alternativa mas que mentarles su madre, adornándola con cuánto adjetivo insultativo me viene a la mente, pero eso sí, el trajeado se alebresta de tal forma que a mí sí me toma del brazo y me quiere conducir a no sé dónde por haber mancillado su inmaculado honor de servidor público  (para ser honesta con ustedes, si el trajeado hubiera tenido el mismo aspecto que Sean Connery, me cae que no hubiera puesto yo ni el más mínimo de los peros, lamentablemente era idéntico a Jorge Ortiz de Pinedo, y a sí, ni a misa con él).

Luego de un sutil y convincente “Suéltame wey, porque te la parto a tí también””, nos despedimos con un efusivo movimiento de brazo dedicado a nuestras mutuas jefas, y yo continúo con mi travesía, que para esos instantes, ya era de media hora de retraso; y ahora,, mis pensamientos se centran en apelar a la voluntad del Señor de la Misericordia, para que mi maestro de Historia del Arte se apiade de mí y me aplique ese maldito examen.

He dicho.

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4 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. don casimiro
    Dic 14, 2009 @ 19:36:30

    primis!!!!!!!!!!!!

    jajaja pues que chingon que lo atrapo pero mal rollo que lo hubieran dejado libre, pero todo en esta vida se paga asi que al calcetin, algun dia lo pagara

    saludos!!!!!!

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  2. Antonio Reveles (Siempre Peligroso...)
    Dic 15, 2009 @ 17:13:21

    Queen: espero no ofenderte con mi descripción tuya en el glob de Klöe, fue con todo respeto vos lo sabés pero…………………me deje llevar!!!!!!!!!

    Responder

    • White Queen
      Dic 15, 2009 @ 22:46:13

      je je je je je je, Don Toñísimo, ya la leí y no, de ninguna manera me ha ofendido, al contrario, honor y favor tan grande que usted me hace, aunque no soy maestra de secundaria; muchas gracias.

      Responder

  3. Klöe
    Dic 28, 2009 @ 18:01:25

    :S queen cuando salga a la calle te quiero mejor de amiga que de enemiga

    Responder

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