De lo más absurdo…

Sinfonía Floral, Navideño, Bosque de Pinos, Lavanda Relajante, Brisa Marina… y así podría yo seguir ennumerando los distintos aromas que le dan,y aquí cabe una sutil interrogante… ¿Para qué jijos de la guayaba le ponen aromitas tan a toda maye al papel de baño, si va a terminar hecho una ruina, el infeliz?. Digo, yo entiendo que las tensiones diarias nos dejen hechos una piltrafa, ¿Pero Lavanda Relajante para el * ? Bastante comprensible si es que hemos caído en el mortalísimo pecado de maltratarlo con una de esas aceitosas y picosísimas hasta su ptm salsas de vasito, pero en ese caso, nomás deberíamos comprar de a uno solo, porque el paquetazo de a 12 rollos implicaría que vivimos en estado perpetuo de colitis ansiosa.

Nadie reconoce el valor de este silencioso y modesto artilugio, pero a más de uno de nosotros nos ha parecido que se nos viene el mundo encima cuando, en pleno ataque de… urgencia, descubrimos que ya ni el méndigo cilindro de cartón queda y honestamente, recurrir al tan platicado y publicado truco del calcetín, es punto menos que mera confirmación de barbarie; así que ni máiz, a echar mano de las servilletas o ya en caso extremo, periódico o la sección amarilla, porque tal vez jamás necesitemos buscar un lugar especializado en vender contadores Geiger, pero de que nos va a ser útil la página 3785, en la cual vienen anunciados esos establecimientos, ni duda cabe.

Pero insisto, ¿para qué carámbanos aromatizarlo, puesn? Es un recurso inútil y tal vez nuestro cuarto de baño se vea harto fancy y re lindo hermoso al abrir la puerta y percibir tales aromas, pero qué va, cuando ya traemos la angustia (y otras cosas) a punto de salir de nuestro cuerpo, da igual si el higiénico huele a mora azul o a tuna del monte; lo que nos devuelve un poco de cordura en esas espantosas crisis es el verlo ahí, quietecito y sobre todo, harto pachón, señal de que nos va a alcanzar… la vida para salir de ese trance. Lo que deberían hacer es darle más resistencia, demonios, porque no me van a negar que existen algunos que son de consistencia tan efímera como nuestro júbilo al recibir la quincena.

Otra cosa que no puedo pasar por alto es, la sarta de artimañas que se utilizan para que la maldita acústica que caracteriza a todos los cuartos de baño no nos traicione… Conozco personas que han hecho de todo, desde cantar el Himno Nacional a todo pulmón, hasta sincronizar los sonidos emitidos por ellos mismos con la Overtura 1812 de Tchaikovsky; pasando por accesos de tos, estornudos, declamaciones de El Cuervo de  Edgar Allan Poe, tirar de la cadena del excusado en repetidas ocasiones, etc; lo que nunca jamás pasa por la cabeza de quienes llegan a esos extremos es que, al hacer tantísimo malabar, estamos gritando a los cuatro vientos la naturaleza del evento que tiene lugar en el toilette, y lo que de inmediato piensan los demás es “pobre wey, se está vaciando…”

En fin, ojalá alguna vez nuestra percepción de las cosas cambie y comprendamos que, quien entra al cuarto de baño jamás desechará jazmines, y que lo que menos debemos esperar escuchar es la Novena Sinfonía de Beethoven, simplemente quitarnos de prejuicios y dejar de ser tan fijadotes en cosas por las que toooooooooooodos pasamos.

(Maldita sea,  ¿en dónde dejé mi cancionero Picot y mis inciensos de Rosa Púrpura del Cairo?…)

He dicho.

De memorias y emociones.

Haciendo labor de limpieza en mi clóset, encontré algo que hace mucho tiempo había dejado olvidado (o más bien, así quise que pasara) y aparte del asombro que me ha causado el haberlo hallado en tan buen estado, fue inevitable que algunos recuerdillos regresaran. Está intacto, perfectamente bien conservado, lo cual es normal, puesto que sólo ha sido usado una vez; y al tenerlo de nuevo entre mis manos, me pongo a pensar en algo… ¿cómo carajos hice para llevar encima durante más de 12 horas aproximadamente 4 kilos de tela bordada y con pedrería?. La respuesta es sencilla, porque en ese momento todo era distinto, se veía todo tan bello y tan prometedor, que incluso me habría sido fácil cargar el Palacio de Bellas Artes con una sola mano.

 

Me impresiona el poder que tiene un objeto, un aroma o algún sonido, sea armónico o no; para traer de regreso y de un sólo golpe las memorias, la piel se enchina (como alguien me ha dicho, se pone como gallinita, jejejeje) e incluso el ambiente  que nos está rodeando cambia por completo y volvemos a ese lugar, en ese preciso momento; lo vivimos todo de nuevo. Y es inevitable que, en algunas de esas ocasiones, las lágrimas lleguen a causa de la intensidad de lo que nos sucede, sea agradable o no. He de confesar que a mí, hallar esto me deja sentimientos encontrados, porque no puedo mentir, fui feliz, muy feliz, ese dia lo fui, aunque no haya durado para siempre; lo que me dejó fueron a quienes son sangre de mi sangre y por quienes he de pelear más de mil batallas, de las que sadrán intactas.

 

Ahora, una de ellas quiere usarlo, cuando ve las fotos de ese dia me dice que me veia como una reina y que quiere ser igual a mí. Claro que la dejaré usarlo, y se verá como lo que es, una princesa; pero eso si, no será como yo, sino mucho mejor, las dos serán mejores que yo, para eso me han servido mis errores y tropiezos; y eso es algo que no existiría de no haber decidido usar este objeto. Y es aqui donde entra esa frase, sencilla y linda, que dice “Gracias por el recuerdo”, por no permitir que me olvide de quién soy.

 

He dicho.

 

 

 

 

 

 

 

Las manos del amor.

El amor nos mueve, no hay duda, y siempre nos mueve para bien, porque algo tan puro y grande no da cabida a acciones o emociones que dañen, y si así sucede, simplemente no es amor. En sus distintos tipos, el amor hace que brote lo mejor de nosotros mismos y lo mostremos al resto del mundo sin el menor trazo de egoismo, el sólo hecho de compartir ya es un gesto que habla de lo que estamos sintiendo. Hay ocasiones en que le damos al amor forma humana y lo vemos encarnado en la persona que ha anidado en nuestro corazón, pero en cualquiera de sus formas, nos mueve.

Esto que ustedes ven es el perfecto ejemplo de lo que les hablo; es la obra de una madre que es la más grande y fiel admiradora de su hijo; hablo de la señora Zimmerman, ella es madre de Joel, conocido por algunos de nosotros como Deadmau5, y cuando yo vi esto, de inmediato me puse a pensar en lo que debió haber sentido al estar pintando, las veces en que su hijo ha estado lejos, en tierras lejanas siempre dando a  quienes lo siguen esa magia que tiene; y ella junto a él siempre, sin importar distancias ni horarios; ella está ahí. Y aunque para nosotros él sea el DJ que sale a escena con una inmensa cabeza roja de ratón, y que nos hace saltar y bailar a ritmo de su música; para ella es el muchacho a quien enseñó a caminar, a hablar, a quien cuidó tantas veces cuando enfermó; en ese lienzo lo podemos ver, ante todo, él es su hijo, el artista está detrás de eso.

Y si a ella el amor  la llevó a plasmar su sentir en un lienzo, a él lo llevó a compartirlo con nosotros y con eso nos muestra su gratitud y su admiración por ella. ¿Acaso es tan difícil hacerlo, por qué nos cuesta tanto trabajo mostrar lo que sentimos? Probablemente sea el temor a una burla o a un rechazo, y son precisamente esos prejuicios los que han hecho que se pierda ese tinte tan especial, el amor está presente en cada detalle que sale de nosotros y  estas épocas llenas de tecnología no están exentas de ellos, basta una imagen, una canción o unas palabras que tengan como destino a nuestros indispensables, sean amigos o familiares, y que así tengan presente siempre que están con nosotros. Así que sacudámonos esas telarañas y hagamos que nuestros lazos se estrechen, porque no hay nada más triste que dejar que se rompan esos lazos aún teniendo cerca a nuestros indispensables.

Este post va dedicado, con todo mi amor y mi nostalgia una vez más, a Antonio, porque nuestros lazos son a prueba de husos horarios,  millas de vuelo y necedades, porque yo necesito que me digan las cosas más de siete veces; que en este caso fueron nueve. Gracias por hacer del viernes mi dia perfecto.

He dicho

¿Arcaica yooooooooooooo? :(

Pues si, así me lo insinuaron; no fue dicho directamente, lo peor no fue eso sino quién lo hizo, pero ahí les va la historia completa.  Resulta que el domingo 7  (yo no sé qué cuernos tiene de especial esta fecha, pero es cuando más seres humanos son concebidos… ¬¬), después de la comida, me encontraba yo en plena faena de lavar los trastes; Rebeca martirizaba jugaba con sus abuelos y reinaban una calma y un  silencio absolutos en la casa…  asunto que me preocupó sobremanera, ya que la otra ratona no daba señales de vida; y no existe en este mundo lugar más peligroso que una casa habitada por niños que esté silenciosa, así que dejé de hacer mis labores y salí de la cocina a buscarla; y es aquí en donde entra el siguiente diálogo:

 

Mitta: -Sara, ¿dónde estás?
Sara: -Viendo una película con mi prima.
Mitta: – Ah, en un momento las alcanzo.
Sara: – No mamá, no le vas a entender a la película, es muy complicada para tí.
Mitta: – (Ah chingá) ¿Pos cuál están viendo?
Sara: – Resident Evil …

 

Y es en este preciso momento en el que mi rostro sufre una mutación hasta dejarme como gemela de los gigantes de la Isla de Pascua, o sea, cambié de color y la mandíbula inferior me llegó hasta el suelo… ¡¡¡¿ Qué me quiso decir, que ya di el viejazo, que ya estoy chocheando ?!!!.  Si, lo acepto, hace ya un ratín que no voy al cine y ya existen muchas novedades (de hecho estoy emocionada, porque según me han dicho, las películas ya son habladas y a color), pero de eso a no entender un guión, pos hay mucha distancia. En fin, haciendo caso omiso a tan majadera implicación, me dirijo hacia donde se lleva a cabo la bélica proyección y me quedo a punto de morir por el soponcio de ver semejantes escenas; y aquí entra este otro diálogo:

 

Mitta: -Sara, ¿pero qué demonios estás viendo? ¡¡¡ Son puros destripados, no la amueles !!!
Sara: -Zombies mamá, se llaman zombies y no son demonios.
Mitta: -A mí me vale sorbete cómo los hayan bautizado, deja de ver eso que al rato no te vas a querer levantar al baño.
Sara: – Mamá (inserte suspiro hondo), relájate, esto es sólo una pe-lí-cu-la, ninguno de esos monos se va a salir de la pantalla para asustar a nadie.
Mitta: – (Al borde del llanto) ¡¡¡¿ Qué cosa ? Ya deja de ver eso y hazme caso !!!
Sara: – ¡¡¡ Osh, no me distraigas que si no, no le voy a entender, mejor al rato te la explico, ¿si? !!!

 

Ya para estas alturas, mi autoestima estaba en franco plan de tapete de Temoaya y el remate vino cuando la susodicha llegó a mi aposento y efectivamente comenzó a explicarme… Que si en la Colmena la cafetearon feamente porque se les escapó un bicho y sellaron todas las instalaciones porque ya hizo un matadero espantoso, que si Alice, un tal One, una tal Rain, un tal Kaplan y un pelotoncillo de la Umbrella no sé qué madres le entran al quite para salvar al mundo en 3 horas, que si los zombies son los empleados que no estaban muertos ni andaban de parranda …

En fin, me dió la sinopsis completita de la película, mientras se ponía su piyama, se lavaba los dientes, se peinaba y se metía a la cama; mientras tanto, a mí se me subía la presión nomás de imaginarme las espantosas imágenes que me estaba describiendo. Y ella, se metió a su cama, me dijo buenas noches con su respectivo abrazo y beso… y durmió como si no lo hubiera hecho en 4 de sus 6 años de vida.

Bueno, asi las cosas, los dejo, tengo que ir a tramitar mi credencial de la tercera edad.

He dicho.

Post dedicado con mucho cariño para mi hermano Julio, quien en lugar de meter en cintura a su sobrina, se pone de su lado… ¡¡¡ ¬¬* !!!

¿Cómo se llamó la obra?

Primer acto:  Muffin de chocolate y vainilla, con un toque de amaretto y almendras fileteadas,  solito y su alma en la mesa del comedor sobre un platito de talavera poblana; muy lindo, por cierto.

Segundo acto: 7:45 de la mañana, sale Mitta del baño, toda olorosa a sándalo y enfundada en sus pants azul marino con listas doradas, de los gloriosísimos Pumas, y de inmediato su radar depredador detecta la presencia del esponjoso ente.

Tercer acto: Cual elegante zopilote en barranco, Mitta desciende volando en círculos sobre la víctima y se queda pasmada contemplando el pequeño postre (o lo que es lo mesmo, ” ¡¡¡¿ qué es lo que estoy viendo ?!!! “).

Cuarto acto: Con sigilosos y extremadamente silenciosos movimientos, el depredador toma el botín y se dirige en chinga velozmente a la cocina (o lo que es lo mesmo, “ya valiste madre, pinche panqué  ¬¬ “) a preparar las ,seguramente, 7 tazas sabatinas de café (así es, los fines de semana me destrampo, entre semana nomás son 5); antes de que los pequeños depredadores hagan acto de presencia.

Quinto acto: Después de dos tazas del aromático y jarocho elíxir, el depredador mayor cae en éxtasis al saborear lentamente la perfecta pieza de repostería (o lo que es lo mesmo, “qué sabrosa estaba esta madre, verdad de Dios”), y se apresura a borrar las posibles huellas del crimen.

Sexto acto: 8:40 de la mañana; la mayor de las depredadoras pequeñas hace acto de aparición (o lo que es lo mesmo, Sara se levanta de la cama); y después de nuestro acostumbrado y efusivo buenos días, ella se dirige al comedor, regresando 5 minutos después, con ojos entre llorosos y enfadados.

Séptimo acto: -Mamá, no te comiste el muffin que estaba en la mesa, ¿verdad?

-Eh, no, no, ¿por qué? (fingiendo demencia, que a decir verdad, no me cuesta mucho que digamos)

-Ah, qué bueno mamá, porque ayer que no me dió tiempo de comérmelo, Rebeca me lo quitó y lo aventó a la maceta esa que tienes junto al sillón, y como la acababas de regar, pues se llenó de lodito y no se lo pude quitar… y Sara mirándome con expresión de profundo rencor, (o lo que es lo mismo “qué poca …”)

Octavo acto: En el preciso momento de escuchar semejante narración de hechos, Mitta siente que el estómago se le hace nudo y es víctima de un acceso de náusea total, mientras Sara degusta muy tranquila su taza de yogur natural. Al observar mi violenta reacción, la ratona mayor se coloca frente a mí y me dice -No es cierto mamá, estaba limpio, nomás que yo lo había dejado ahí para desayunármelo ahora… – Dicho lo cual, se retira para meterse a bañar…

¿Cómo se llamó la obra?…

¡¡¡ ÁNDELE, POR PINCHE AVORAZADA !!!

He dicho.