Ya lo veo venir…

Asi es, ya empecé con el sacadero de cajas, bolsas y demás artilugios navideños, debo confesar, odio esta época del año por muchas razones, pero a las ratonas no puedo amargarles la fiesta y es imperdonable no ponerles el pino, ya que crezcan que decidan si le siguen con esto o no, pero por lo pronto, la sala ha sido tomada por todo el folklore decembrino, con todo y los trinches foquitos de piñita, ésos que aparte de no fundirse, se ocupan en torturar las plantas de mis descoloridos y tamaludos pies.

La lista de peticiones de Sara ya está, ha pedido (después de una ardua labor de convencimiento de mi parte) en lugar de un hámster, una pecera, con toda la ambientación posible de Bob Esponja, lo cual implica una pecera de tamaño suficientemente grande como para que yo me meta a bañar ahí, idea que desecho de inmediato por temor a que algún chismoso de Greenpeace asome su cabezota por la ventana y proclame a los cuatro vientos que en esa casa tienen cautiva a Moby Dick y nos armen un escandalazo épico. Ah, y ya anda con la onda de los videojuegos, y entra de nuevo mi vejez, porque me dijo “Mamá, ¿me darías un wii? ” y yo le respondí “Claro que si mi vida, cómo no, con mucho gusto” y que de mi ronco pecho dejo salir el grito más estruendoso que se pueda llegar a imaginar… ” ¡¡¡ WIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII !!! “; grito que fue recibido con una mirada de enorme piedad y un “gracias Mitta” solemnísimo (cuando me dice Mitta es evidente que está a punto menos de géiser y que su dique de diplomacia está a punto de reventar).  

Las peticiones de Rebeca no son tan problemáticas, ella se conforma con algo que haga ruido, se pueda morder y cause iniquidades en cuanto sea arrojado a la persona de quien se encuentre más cerca de ella, así que hasta un molcajete le vendría de maravilla, con la excepción de que si lo muerde, se nos queda como calabaza de Halloween y pierde su dentadura (filosísima, por cierto  ¬¬). Yo ya veo venir el elegante sorteo culinario (zafo, zafo absolutamente y nomás no hago el bacalao este año, no señor) y pediré hacer algo más prosaico, no sé, llevar las servilletas, los refrescos, qué se yo, hasta las gelatinas, pero del méndigo pescado no quiero saber nada, hasta hace una semana saqué de mi humanidad la última espina que quedaba alojada en mí, pobre yo.

Se me ocurre que podríamos apelar a algo novedoso y en lugar de tener al guajolote en medio de la mesa, los romeritos de toooooooooodos los años, la ensalada de manzana a la que ya le hemos perdido el sabor y demás cositas típicas, podríamos inclinarnos por comida china, es bastante digerible, muy sana y nunca hemos armado nuestra cena con eso, digo, nada se pierde con intentarle, al cabo que China es grande, enormísima, tanto, que ya hasta nos la dividieron en dos, y quien quite y sea un éxito… en cualquiera de las dos Chinas.

He dicho.