El batallón (el de gente y el de las compras)

Fin de semana en Cuernavaca, sin celular,sin computadora, sin ruido; paseo por Tepoztlán, recarga de buena vibra… para venir a descargarme en menos de una hora con los preparativos de la cena de Navidad. A mí me ha tocado hacer el bacalao, cuestión que no me atemoriza en lo absoluto, porque he tenido a un maestro de película, mi apá; lo que me enroncha es el tener qué ir por lo que necesito, pero pos ni modo; vamos a comenzar.

En primer lugar, mi venerada madre me ofrece que le deje a mis criaturas para que yo pueda ir con todísima calma a hacer mis compras,  trato que acepto de inmediato, aparte, está haciendo un frío jijuesú y se me van a enfermar de nuevo así que son depositadas en los cálidos brazos de su abuela (cálidos tanto en sentido figurado como real, mi madre no tiene comparación; gracias Big Boss, por dejármela y permitir que mis hijas la disfruten)

Veamos, mi contingente familiar se compone por personas radicadas en Gabacholandia y en la madre… patria; así que, por fin, el tan ansiado momento en que parte de mis dos familias se reúne ha llegado; porque los que vienen del viejo continente son los Villalpando buena onda, los que tienen los pies en la tierra; curiosamente los intratables son los de aquí, probecitos ellos. Y si le agregamos a la banda de los Saldivar Servín Saavedra de la Mora y Aragón (no, no se trata de ningún cartel, así nos apellidamos), quienes proceden de varios estados de la Unión Americana, pues resulta que nos juntamos la nada despreciable cantidad de 120 sujetos, sin contar a los amigos que llegarán a casa de mis jefes; cómo nos gusta esto de ser anfitriones, la neta.

Bueno, ya conociendo ustedes la aglomeración que representa esta cena, podrán darme la razón de que 8 kilos de bacalao, no van a ser suficientes pero si ni de chiste, por lo que aumento 7 kilos más y que Dios nos ampare. Me decido y voy a Superama, bonito y de muy buena calidad, y aprovecho para llevarme el aceite de oliva, el cilantro, los chiles weros las aceitunas, las cebollas, el jitomate y, porqué no, una botelluca de Rompope  Coronado; quiero ponerme hasta las chanclas. Pero, oh sorpresa; al entrar a la mencionada tienda de autoservicio, me encuentro con una cantidad de gente tan grande que parece peregrinación a La Meca, pero no,  es más bien la peregrinación a las cajas. Dos horas, niños profiriendo voces de angustia que suenan a algo más o menos así: “¡¡¡ MAMÁAAAAAAAAAAAA, TENGO HAMBRESUEÑOGANASDEIRALAPIPÍYALAPOPÓ NOMECOMPRASTEELCABALLITOQUEQUERÍAESACOSANOMEGUSTAYNO MELAPIENSOCOMERYANOTEQUIEROMEVOYCONMIPAPÁ,BUÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁ !!!

Y la madre, sin sufrir alteración alguna, sigue hojeando con paciencia de yogui su relajante y transmutador HOLA!; que nos trae la muy indispensable y de vital importancia información  de que la reina Rania de Jordania se ha comprado un nuevo talco pa´las patas que le costó $995 mil dólares, es que está hecho con polen de orquídea susurrante, materia prima por demás carísima (pero qué fatiga pues, si el Ting es re bueno y no sale así de caro, pero esta gente, tan naca)

Por fin, alcanzo el Nirvana la salida y recibo un mensaje que dice “Te tocaron los buñuelos (a mí nadie me ha tocado nada, lo juro), compra las cosas”. Lanzo una fumarola y una maldición y me encamino hacia el mercado,en donde adquiero harina de trigo, canela en rama, canela en polvo, azúcar morena y demás artilugios culinarios para elaborar tan mazacotudo y delicioso postre. Después de aproximadamente cuatro horas y media, llego a mi guarida y selecciono los utensilios para mi maratónica labor. Antes que otra cosa suceda, llamo al padre de mis hijas y le pido que venga por ellas el día 23, que es cuando hacemos todo, todo, porque el sabor del recalentado es simplemente incomparable; accede de inmediato, no sin antes escuchar mi horda de recomendaciones y amenazas de que si no las cuida y atiende como Dios y yo mandamos, las espinas del bacalao las voy a ocupar para darle una sesión de acupuntura.

En estos momentos me encuentro haciendo labor de autoconvencimiento y acopio de fuerza, la cocina es desgastante, así que ahorita, nada de trabajo, sólo descanso, que  en dos días más no voy a estar sentada ni diez minutos de corrido.Ah, y aviso a toda la parentela que lee esto, nomás donde me salgan con que “al pescado le faltó sal, le sobró cebolla, está duro, le faltó cocerse; a los buñuelos les falta azúcar, están muy dulces, no se pueden morder, están re aguados…” NO PIENSO ALTERARME, NO SEÑOR, MÁS BIEN TOMARÉ LO QUE EN ESE MOMENTO TENGAN SOBRE SUS PLATOS Y LO VACIARÉ LENTAMENTE SOBRE SUS CRÁNEOS, DIGO, PARA QUE PIENSEN MEJOR SUS COMENTARIOS.

He dicho.

Anuncios

Y comenzamos…

Esta es una cordial bienvenida,  no pienso ponerme a filosofar,  ni a tratar de poner en tela de juicio la teoria darwiniana (que lo hagan otros, yo me dedico a vivir), sino más bien, quiero solicitarles su valiosísima ayuda para resolver una duda tamaño caguama (hablo del quelonio,  no del envase contenedor del espirituoso brebaje derivado de la cebada)

A este infeliz… ¡¿QUIÉN LE DIJO QUE CANTABA?!

¿Quieres que te quiera? Pos entonces no me vuelvas a cantar nada de nada en tu folclórica vida.

Bueno, empecemos con el Real Desmadre;  bienvenidos todos.