Pinky.

Mi papá es tan buena onda, que hay entes (de dos o más patas, aletas, alas, o incluso sin ellas) que abusan de él, hasta cuando está que se lo lleva pifas…

Resulta que hace algunos meses, tuvo uno de esos dias no muy agradables en su trabajo, esos que aun faltando 2 minutos para que emprendamos el vuelo, se nos hace eteeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerno. Bueno, pues llega mi apá a su refugio… y oh sorpresa, al bajar de su camioneta se da cuenta de que la puerta de entrada está, literalmente, tomada por algo monstruoso. Si, un San Bernardo tan crecidito y bien alimentado que al verlo uno jura que es un toro cebú greñudo, cuernimocho y orejón; de no muy buen carácter el fulano …  y honestamente no lo culpo, pues con ese físico uno esperaría que se llame Nerón, Mussolini, o incluso Huracán Ramírez, pero no, los descerebrados que se encargan de su manutención se aventaron la puntada de llamarle Pinky… PINKY, SI, SEÑORAS Y SEÑORES, ESE LEVIATÁN SE LLAMA PINKY; así que hay que entenderlo.

Pues estando Pinky echando la hueva muy a gusto, llega mi apá y le dice así, con todas sus letras: ” ¡¡¡ Hágase a un lado, cabrón !!! “, orden a la cual Pinky respondió con un muy sonoro ” ¡¡¡ GRRRRRRRRRRRRRRRRRROOOOOOOOOOOOAAAAAAAAAAARRRRRRRRRRGGGGGGGGGRRRRRRRRRRRRRRRRRR !!! “,  e inmediatamente mandando mucho al olvido a mi papá. Sobra decir que el coautor de mis dias no tenía activado el Patience Mode y decidió pasar una de sus piernas encima del cuerpo de la cosa esa, para después pasar la otra y asunto arreglado. Pues en cuanto lo hubo hecho, el  prófugo de novela de Stephen King se decide y se abalanza de inmediato sobre mi jefe , quien dicho sea de paso no llega ni al 1.70 de estatura (si, yo también he pensado muchas veces que soy una anomalía en esa familia) y lo aprisiona contra la pared. La criatura esa, parado en sus patas posteriores alcanza una estatura de casi 1.90, y procede a langucear a mi papá con tanta calma y aplomo, que hasta parecía que estaba disfrutando de una trufa con chocolate. Mi papá, ya para ese entonces, estaba al borde del colapso y pasó rápidamente de los insultos a las palabras amorosas, ninguna de ellas con éxito, pues ese perro ogt  mal portado las respondía con gruñidos tan  intensos que Satán hubiese gritado como niña si los hubiera escuchado. Mi sacrosanto padre ya estaba en franco plan de gigante de la isla de Pascua, nomás viendo al horizonte y soportando estoico su calvario (¡¡¡ CALVARIO, JAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA, MI PAPÁ ES CALVO, xD !!!), esperando pacientemente a que este hijo de la chingada perro se aburriera, o le perdiera sabor.

En eso estaba cuando de repente, Pinky hace una pausa y se rasca su costado derecho, intervalo que mi jefe aprovecha para ponerse a salvo, soltó su portafolio, mandó mucho a la tiznada la compostura y emprendió una carrera a tal velocidad que el tal Usain Bolt ese se hubiera visto como tortuga laúd en tierra al lado de él. Lo malo es que lo único que se le ocurrió fue regresarse  a su camioneta y encerrarse a piedra y lodo, aguardando el momento en que su pesadilla terminara. Y si, llegó ese momento, cuando los dueños del Can Cerbero se deciden a aparecer después de haber ido a surtir su despensa (las bolsas de Superama los delataban) . Y que se suelta Don Fausto con toda su horda de insultos y maldiciones hacia la mascota en cuestión y hacia los propietarios “por dejar a una bestia de esta calaña suelta en las calles, maldita sea ” . Mientras mi papá se muestra como el Señor de todos los infiernos, sale de entre sus dos padres, Lucía, criatura celestial de 4 años y se dirige hacia el monstruo perruno ahi presente y le dice ” ¿Ya ves Pinky? Asustaste al viejito, a ver si no le hace daño” Al escuchar eso, el ego y la furia de mi papá fueron desinflados inmediatamente y no tuvo otra opción que retirarse inmerso en un mar de babas; al pasar junto al causante de todo el conflicto, se miraron así ¬¬* y se juraron venganza a la menor provocación…

Ese dia, cuando por fin llegó papá a su casa (3 horas después), se dispuso a contarnos su caso a manera de catarsis… y terminó maldiciendo 3 veces peor, porque nuestras carcajadas no lo dejaron terminar su relato.

He dicho.

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