Una caricia del alma.

♫♪ Tengo una vaca lechera

no es una vaca cualquiera ♪♫

♫♪ me da leche condensada

ay, qué vaca tan salada ♪♫

♫♪ tilín tilín, tolón tolón

No, no he enloquecido, es lo que acabo de escuchar hace unos momentos. Me la han cantado a coro mis ratonas, y me han devuelto el ánimo, porque también tengo derecho a sentir un poco de tristeza de vez en cuando. Ellas no lo saben, pero el hecho de que las cosas no salgan como las había planeado, me ha colocado una loza muy grande en la espalda; lo que tampoco saben es que con sus cantos,  sus risas,  su eterno escándalo y sus travesuras, me recuerdan que la vida no puede desperdiciarse en lágrimas de pena ni en sentimientos de impotencia; a la vida hay que disfrutarla y tomarle de nuevo el gusto.

Sara ha llegado de la escuela, me cuenta que le ha ido muy bien y que está triste porque nos regresamos a la ciudad, pero que necesitamos  “echarle muchas ganas y porras a Rebeca”  para que su rehabilitación sea rápida y nos devolvamos al puerto. Es increíble que a sus 6 años, ya dé muestras de ser una gran mujer, dispuesta a ayudar si no con acciones, con sus palabras. Me ha dicho “estoy contigo y con mi papá, aunque ya no sea tu esposo”; Rebeca se concreta a sonreír, a mandar besos, a gritarle a sus abuelos, a sus tías y a sus primas; además de embarrarse los rizos con la sopa de verduras y su pollo empanizado. Si, ya degusta esos manjares, y para ella no hay mayor placer que el irse de inmediato a la regadera para quitarle todo vestigio de su comida.

Lo que me ha quedado muy claro es que tengo a mi lado a dos pequeñas maestras, que me enseñan a no perder la cabeza, que me obligan a ser fuerte y ecuánime (cosa que cumplo con todo gusto) y que me ven como su modelo a seguir. Esa es la responsabilidad más grande de mi vida y no les puedo fallar, no les voy a fallar. Porque si me fue concedida dos veces la gracia de ser madre, y con una de ellas en condiciones especiales, no voy a dejar pasar esa oportunidad. Tengo el apoyo de mucha gente, mi familia, mis amigos; el apoyo de una hermosa persona que gusta que compartamos la vida, así que no hay nada que pueda detenerme.

Mientras tanto, dejo que el sonido de esa sonora y desafinada caricia para el alma llene cada rincón de esta casa y se meta en el fondo de mi alma; de ahí nada ni nadie la sacará.

He dicho.