Pá su mecha…


Suele pasar, que cuando algo nos roba por completo la atención, el mundo a nuestro alrededor desaparece, y sólo estamos disponibles para nuestro objeto del deseo (sea viviente o no). Pues bien, en el caso que nos ocupa, mi objeto de deseo es rojo, pequeño, orejón y de bellos ojos ( ¡¡¡ RATONZUELOOOOOOOOOOO, CHIDÍSIMOOOOOOOOOOO !!! ) sí, así como lo leen (ay sí, nada nuevo bajo el sol, como si no se hubieran dado cuenta ya de eso, jejejejeje )

Bien, pues estando absorta en una de tantas conversaciones con esta divina creación del Señor; olvidé por completo hasta mi nombre un pequeño detalle, y en el que no había reparado hasta que se me llenó la casa de humo y percibí un ligero, ligerísimo ( ajá, sí, cómo no) olor a quemado. Pero era tanta mi necedad, que me resistía a creer que me estuviera sucediendo a mí; cuando  me llega de repente el justo reclamo de mi cuerpo (no os vayáis hacia otro lado de esto, el justo reclamo fue mi gruñir de tripas, ya que eran las 5 de la tarde y mi último alimento había sido a las 10:30 de la mañana)

Me dirijo hacia mi cocina, sólo para encontrarme un pequeño infiernito, sí, como lo suponen, mi comida, TODA, estaba hecha a lo cabrón al carbón, pero extremo, a tal punto que lo que estaba dentro del sartén, en lugar de ser pechuga de pollo a la plancha, eran más bien dos perfectas muestras, y de muy buen tamaño, de tezontle, esa piedra porosa cuyo color varía desde el rojo pálido hasta el negro absoluto (no, no es piropo, es una alegoría de la intensidad de un color); y la neta, así, pos como que nomás no se mi antojaba nada. La cuestión, en este momento es, qué hacer a esa hora de la tarde, mi hambre ya era tanta, que estaba yo a punto de mutar en termita y comenzar a madrear roer la mesa del comedor, hasta dejarla como palillo de dientes.

No, mala opción, la madera me indigesta, y por supuesto que no tenía yo la menor intención de salir nuevamente. ¿Pedir Pizza? No, la neta no, y mientras me decidía, mi glucosa se puso en plan checho (palabra cortesía de la divina creación del Señor) y optó por descender hasta la madre la planta de mis pies y ahí quedarse. Razón por la cual comencé con un estado alterado de tal magnitud que parecía haberme inhalado dos galones de aguarrás, uno por cada fosa nasal.

Con la poca o más bien nula reserva de cordura que me quedaba, me abalancé sobre el sartén y su impublicable contenido; y sin piedad alguna, ataqué, hasta que no quedaba nada, nadita de nada. Con la primer mordida regresó un poco de sentido común y me encaminé al refrigerador para extraer algo que hiciera un poco más digerible lo que me estaba comiendo (HECF, me ando muriendo y todavía me pongo mis moños y busco darle toque gourmet a esa infamia), un jitomate rojo rojo y de muy buen aspecto (chale, últimamente el color rojo ha predominado en mi vida, y también las cosas de aspecto sabrosote). Ahí es cuando me doy cuenta de que mi cordura se había esfumado, porque al jitomate me lo tragué sin siquiera lavarlo, lo único que alcancé a hacer fue quitarle el rabito y pa´ dentro, cómo no.

Así que si repentinamente me ausento, no se extrañen, seguramente los deudos del jitomate decidieron tomar venganza y mandarme a su ejército de mercenarios bichos a perforarme los intestinos, vulgo, el ataque de la salmonela mutante; suplico a ustedes eleven sus mentadas de madre plegarias para que, por lo menos, pueda yo festejar el natalicio de Juárez, que si bien nunca lo he hecho, esta vez hasta mariachis le llevo a su última morada, cómo no.

He dicho.

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¡¡¡ Banneoooooo !!!

No pos sí, si para eso hay quienes se pintan solos, nomás tienen el chispazo de maldad y en chinga, a cambiarse el nick y poner otro mail para entrar a derramar su pendejismo a diestra y siniestra, ¿con qué fin?; pues con el de “pasarse un muy buen rato de sano esparcimiento” y dar rienda suelta a toda su energía encerrada en esas nulidades cerebrales que ocupan su caja cefálica, y digo nulidades cerebrales porque, si abriéramos esa caja cefálica, lo único que encontraríamos sería una inmensa glándula babácea sin razón de ser.

Y entonces sí, a amargarle el momento al primero que tenga la inmensa desdicha de escribir algo antes que ellos, porque se lo agarran de puerquito y no lo sueltan hasta que la víctima opta por salirse del chat, ése es su gran logro de la vida. ¡¡¡ Ah, pero no contaban con los moderadores, asquerosos personajes que se ganan el odio de la comunidad chatera por el hecho de “reprimir” a estas bestias !!! Sin siquiera ponerse a pensar que esta gentuza puede causar estragos terribles con esa pendeja manía de andar haciéndose pasar por alguien más, o en su variante de, usar casi el mismo nick, con algunos cambios en la escritura.

Pero cuando por fin caen, es cuando viene lo bonito, el ver sus súplicas angustiantes de piedad y misericordia: ” ¡ Ay, ay, Chilakil, me banearon, me banearon y yo no estaba haciendo nada, te lo juro, estábamos en el buen desma y de repente ya no me dejó entrar, me sale un cuadrito que dice que he sido baneado ! ” Eso, es todos los días y a todas horas, la cantaleta cotidiana, infaltable e invariable. Y una vez que se les levanta el castigo, entonces su furia incontenible se dispara a la n potencia y se vuelven  peores, en lugar de que se calmen, pero nomás no entienden, vuelven a las andadas en cuanto se ven libres de la correa.

Ayer se desataron los demonios, el boss perdió la paciencia y mandó a todo mundo a chingar a su madre Chihuahua a un baile, y La Cantina, sola sola, con muy poca clientela, pero eso sí, harto tranquila. Claro, no faltaba el pendejo ocioso ingenioso chatero que se quiso pasar de lanza y entraba a jorobar, pero, la neta, no puedo negarlo, es un placer indescriptible el darle click al ratón (¡¡¡ RATONZUELOOOOOOOOOO, CHIDÍSIMOOOOOOOOOOOOOO !!! ) y ver cómo esa bola de improperios desaparecen, si para ellos es hermosa la sensación de estar molestingando parroquianos, para mí, es algo casi casi como trance místico el hacer mi labor de sacaborrachos.

¿Que si me odian? ¡¡¡ Pero por supuesto que sí, eso está implícito !!! Y la neta, me vale, no conozco a nadie que se haya arrojado por la ventana de su casa por el hecho de recibir mentadas de madre y toda clase de arrabaleros insultos en un chat; y me encanta que piensen que estamos todos los moderadores en círculo, reunidos en torno a una computadora, con serpentinas, globos y confeti, cantando al unísno ” ¡¡¡ LOS VAMOS A BANEAR, LOS VAMOS A BANEAR !!! “, cual partido de fútbol llanero, de verdad, me resulta bastante hilarante esa imagen.

Pero lo que también es un hecho es que, cuando el fantasma del baneo se manifiesta, su presencia se puede sentir de manera absoluta, claro, lo cuál representa cierta incomodidad para los “chuscos” que se dedican a la clonadera y a la camorra virtual escrita, pero a ver, háganlos entender, si alguien lo logra, merece un monumento en alguna parte muy visible de la ciudad, por ejemplo, derribar el Estadio Azteca y colocar en su lugar el Hemiciclo Al Amansa Trolls, con todo y su plaquita conmemorativa que diga : ” A quien logró lo imposible, al ser humano que ha dejado chiquito a Moisés y su tiznadera de abrir el mar para que pasaran los fugitivos de Egipto”

Créanme, si ese día llega, hasta Dios Padre se viene con nosotros a festejar al Angel y hasta es capaz de entrarle con divina soltura al huateque o bailongo que se arme con motivo de tan memorable acontecimiento. ¿ Suena bonito, no? Esperemos que eso ocurra, aunque no sea en nuestros días, mientras tanto, hagamos lo que hacen los grandes felinos, jugar con su víctima antes de darle mastuerzo y comérselas,  neta que se disfruta mucho más.

He dicho.

¡¡¡ Wácala !!!

Pos será el sereno, pero siempre, siempre hay algo que nos dá cosa. A mi madre, por ejemplo, le horrorizan los ratones y todo lo que se le parezca, a tal grado que le chocan los castores porque dice que son ratotas gordas con la cola apachurrada; y ni Dios Padre la saca de su apreciación, pero de que es valiente, ni quién lo dude; mientras que a su servilleta le revuelven el estómago las cucarachas, algunas arañas, los escorpiones y mi ex marido, mi madre domina con presteza a cualquiera de estas pequeñas y asquerosas bestias antes mencionadas (ex marido incluido).

Pero lo visto hace unos días no tiene nombre. Resulta que me mudo de casa, ya saben, empacar todo, revisar qué sirve y qué no, separar la ropa, guardar la delicada porcelana de Limoges ( naaa, pura trinche cerámica de Tlaquepaque) , estratégicamente preservada en hojas de periódico (eso sí, nunca, pero nunca de los nuncas envuelta en las hojas de la nota roja, ¿qué tal si me la manchan?), documentos importantes, entre ellos, la caja de los X-Files (los papeles de mi divorcio), y demás cosillas que, al acumularse, guardan importantes cantidades de polvillo y generan un calorcillo rico rico.

En esas lides andábamos Rosario, mi fiel escudera y yo, cuando se me ocurre meter la mano, sin el menor de los cuidados, al cajón más bajo del clóset, buscando ya ni me acuerdo qué. Todo hubiera estado bien, si no hubiese yo sentido algo raro, rarísimo, algo así como un hormigueo pesado en mi pata delantera derecha, la retiro sin prisa alguna, sólo para ver que, posado en mi manita, estaba la perfecta alegoría del signo zodiacal de Escorpión, un pinche alacranzote de ésos, negros, negros, que estaba, el muy jijuesú bien paradote, sin inmutarse siquiera, viéndome con sus pinche mil ojos.

Yo estaba, ¿cómo decirlo?, aterrada, hecha una pendeja y paralizada, o todas las anteriores juntas de una vez, ya qué. Lo que puedo llamar el punto máximo de la conmoción vino cuando mi fiel escudera  se me queda viendo en completo silencio, el cual es roto por la siguiente perla: “Señora, eso que trae usted ahí es un alacrán”. Mi primera reacción era desmayarme, así, sin más; pero el brutal  golpe de la lógica me hizo exclamar primero un : ” N´ ombre,  ¿de veras? Y yo que le había visto cara como que de águila real … ” Ora sí, después de esa anotación, sentí como la sangre abandonaba mi cabeza de manera repentina y las piernas estaban igualitas a las de un potro recién nacido (si no han visto alguna vez en su vida, esto que les menciono, no entenderán el grado de temblor que se presentaba en mis apéndices inferiores).

El caso es que, después de haber aullado mi terror, mi fiel escudera procede a quitármelo, eso sí, con un palito que se encontró, como de 20 cms de largo y el maldito animal, sabiendo que me tenía en sus manos, se trepa al palito, con una pinche calma que parecía diputado en sesión, o sea, sabía lo que hacía el desgraciao. Mi fiel escudera lo lleva en chinguísima de inmediato al lavadero y le pone una bandeja encima, ustedes no saben el aterrador sonido de una bandeja de plástico que está siendo arrastrada por un monstruo de más de cuatro patas.

Estaba yo tomándome mi rigurosa dosis de 2 litros de té de valeriana y tila, pa´tratar de volver a la normalidad, cuando alguien llama a la puerta; mi mosquetera acude al llamado y se encuentra con una vecina acompañada de su hijo, una adorable bestezuela de 7 años que nomás no le quitaba la vista de encima a mi Sara (ni se te ocurra, mazapancito); y comienza el diálogo:

– Buenas tardes, ¿está la señora?

– La señora no´stá, nomás está mi patrona (pinche Rosario, para ella, la señora es mi mamá, yo soy sólo su pinche patrona)

-Llámala por favor ( y la vecina con cara de no saber lo que le dice mi mano derecha)

-Señora, ahí le llaman (retirándome de golpe la jarra del té, salvaje muchacha)

Me incorporo de mi santísima silla y recupero un poco la compsotura para atender a mi primer visita

-Hola, soy (realmente eso no es relevante), y vengo con (aquí entra el nombre del mazapán) porque hace unos días estuvo jugando con (el nombre del niño,  antiguo habitante de mi casa nueva) y dejó algo olvidado aquí

-Mucho gusto, soy (ya saben mi nombre) y pues pasa, a ver si lo encuentras.

Mis visitantes entra y comienzan su búsqueda (crítica), por todos lados, en eso, mi mosquetera se acerca y me dice:

-Oiga, ya le partí su madre al pinche animalote ese, ni aguantó el Raid.

En eso, el mazapán se nos acerca, y con lágrimas en los ojos nos dice : “¿ Brutus? “; a lo que respondo ” ¿pos no que te llamas …?”

Y la mamá, con cara de mortificación, nos comenta que Brutus era el maldito alacranzote prieto que hacía unos minutillos casi me mata con su sola presencia, al que, por cierto, se lo había cargado la tristeza por causa del Raid Max

Me disculpo por lo sucedido, todo queda en un lamentable accidente y mis visitas se retiran, claro, ya colgándonos un cartel que dice: “Cuidado, vecinos mata mascotas”; como si uno tuviera la culpa de que anden olvidando sus porquerías por aquí.

He dicho

La primera del año.

Nuevos vecinos, parejita recién casada (tan tarúpida muchacha, no sabe lo que le espera) y me toca la enorme, la gozosísima dicha de que vivirán en el departamento que está justo arriba del mío, no me molesta en lo absoluto, puesto que son jóvenes y rockeros de hueso colorado, ya que anunciaron su llegada con “Paint it black” de Rolling Stones; hecho que ha servido para sellar inmediata amistad con ellos.

El problema radica en que olvidé precisamente eso, que son muy muy jóvenes, para ellos el mundo está hecho de amor  y viven el uno para el otro (al menos, hasta que aparezca la maldita vendedora de seguros que le trate de endilgar el cobertura total al muchacho y entonces sí, se esfumó el amor. Paréntesis patrocinado por su gustado programa “Mujer … cada quién habla según como le va en la feria”).

Y, con toda esa juventud desbordante, toda esa gran cantidad de amor que no les cabe en el cuerpo,  pues tienen que ponerle… un poco de tranquilidad al asunto y han desarrollado una furiosa afición por darle gusto al gusto, TODOS LOS DÍAS, TODAS LAS NOCHES, MÁS DE CUATRO VECES DIARIAS A PARTIR DE LAS 10:30 DE LA NOCHE. Cosa que debería valerme enteramente madre, de no ser por el pequeño detalle de que su alcoba está justo encima de la mía, por ende, soy voyeurista auditiva a huevo de sus retozos y encontronazos.

La pregunta es  ¿POR QUÉ, POR QUÉ CHINGADOS NO LES PONEN ALGO A LAS PAREDES PARA QUE LOS SONIDOS NO PASEN A TRAVÉS DE ELLAS, A LOS PISOS Y A LOS TECHOS, ES NECESARIO QUE YO TENGA QUÉ SER TESTIGO DE SEMEJANTES SITUACIONES?  Lo feo del asunto es que, ya me enteré de que Elías gusta de ser llamado Tigre (Madre Santísima), que Sonia se ve re buenota con el traje de chacha y de que les repapalotea ambientarse con rolas suavecitas; clásico, el soundtrack de Armagedón (Ben Affleck, Dios de mi alma…), de Somewhere in time (Cristopher Reeve, Jesús de Veracruz…) o de Titanic (nel, ahí si paso sin ver, es más, nunca la he visto, los barcos me marean).

¡¡¡ MALDITA SEA !!! Ya me la sé, cuando empiezo a escuchar el pianito cursilón, tengo que ir en ch…ápido por mis audífonos y conectarlos a mi lap, de lo contrario, tendré más detalles de los que yo hubiera querido saber y no, no ando para esas ondas. Afortunadamente, para esas horas, mis princesas ya están en brazos de Morfeo y no tienen ni idea de lo que sucede, pero creo que ha llegado el momento de poner un remedio a esta situación.

Cartones, cartones de huevo, son una verdadera maravilla como aislantes acústicos, aunque la neta no creo que luzcan tan bien como la duela laminada que tengo en el techo, pero o es eso o es la pérdida del sentido común, es más, justamente en este instante se está llevando a cabo una más de esas escaramuzas, y no, no estoy escuchando, pero observo la cara de preocupación de mi fiel amigo blanco y peludo, con esa expresión tan suya que dice  “¿La salvo o dejo que la maten?”, Aquí, le explico, entra la bellísima e infalible sabiduría popular de los refranes, El que por su gusto muere, hasta la muerte le sabe, y, de verdad, esta mujer moriría con tanto gusto que hasta se antoja es conmovedor.

Lo único que le pido a todas las potencias celestiales es que su cama sea harto aguantadora, porque si no, un día de estos, tal vez no muy lejano, sea tanto el derramamiento de pasión, que acaben por hacerle un hoyo al techo y caigan los dos, con todo y cama, derechitos a mis brazos, y entonces sí, se pondría re buenísimo esto, carajo, sufro una de mis clásicas y conocidas mutaciones que darían al traste con nuestra incipiente amistad.

Por lo pronto, les he llevado una canastilla de galletas de chocolate y fresa, ojalá les agrade. Maldita sea, las fresas y el chocolate son afrodisíacos, ya estuvo que nomás no se detuvieron ; mejor rezaré una plegaria y que sea lo que Dios quiera:

Santísimo Almirante, que el techo aguante

Santa Casimira, oye cómo respira

San Fernando, ya le están dando

Santa Isabel, ora le toca a  él

San Valentín,  va el otro rapidín

Santa Rosa, pero cómo la goza

San Nicolás, él no se queda atrás

Santa Carlota, ella ya trae botas

San Joaquín, él puro calcetín

Santa Virginia, mejor ya ni vengas…

He dicho.