Yo tengo muchos problemas en la calle …

 

 

Lo acepto, para mí es un martirio eso del desplazamiento en transporte público, pero cuando se trata de ir al bello, mágico y conflictivo Centro Histórico, no me queda de otra. Resulta ser que este juevecillo me lancé a semejante aventura porque necesitaba comprar unas cuantas cosillas, y de paso, un par de amigos que trabajan por esos rumbos me invitaron a comer. Pues bien, al Centro Histórico yo no me voy en auto, no señor, el temor extremo que causan las malditas arañas inmovilizadoras es demasiado como para arriesgarme, aparte de la bipolaridad de los guardianes del orden (ay, ajá, ¬¬).

 

Aunque reconozco que sale algo bueno de esto, porque en cuanto abordo el microbús, mi fe en Dios resurge y me da por rogarle a la corte celestial que se suba conmigo, y ya en esas, lo que sigue es la lucha por conseguir una colocación digna, ya n o digamos aspirar a un asiento, pero por lo menos, no poniéndole en la nariz parte alguna de mi descolorida humanidad a algún otro pasajero que no sea de mi agrado … ehjm,  que diga, para no molestarle… Si por fortuna y gracia divina me toca ir sentadita, ya tenemos la siguiente parte del predicamento… siempre, siempre siempre, ya es consigna y decreto, me han de tocar las personas enfermas Y QUE GUSTAN DE ESTORNUDAR Y TOSER SIN CUBRIRSE LA TROMPA ¬¬*. Al llegar a este punto, ya tenemos una de mis primeras mutaciones, de apacible y amante de la lectura ratona, a yameencabronéporestasmarranadasyestoyapuntodearrancarunoqueotrocráneo dragón de Komodo.

 

Obvio, me aviento un round con el o la detestable en cuestión, y yo tengo la ligera impresión de que la expresión de mi carita es bastante convincente, porque de inmediato buscan un pañuelito, un trapo, una manga o de perdida, la bolsa de papas con salsa valentina que se vienen recetando, para taparse el morro (menos mal). La segunda parte del predicamento llega al abordar el metro… lo cotidiano, tumultos, aglomeraciones, gente que quiere mirar de más, gente que quiere palpar de más, gente que es rechazada con una de esas miradas que gritan “Disuélvete Concha o no respondo” y el punto culminante de la odisea… los aroms que emana el metro… Jesucristo Santísimo, y eso que no es nada comprado con el metrito de Paris, abordado por hedionditos que intentan disimular su fetidez vaciándose el frasquito de perjume encima… nomás imagínense aquéllo a la hora en la que el metro abre las puerta, madre mía.

 

El caso es que cuando por fin llego con mis cuates, la neta, el hambre se me fue y sólo atino a pedir una ensaladilla, cuando al salir de mi hogar llevaba yo un hambre digna de atragantarme hasta con un tiranosaurio, pero pos ya no. Al cabo que ni quería, porque con lo chismosos que resultaron, me almorcé a toda la palomilla que se dio cita en casa de Fátima, y que esa misma noche, la Super Chula (otra amiga) se puso hasta las chanclas y… bueno no, jejejeje, eso mejor ya no se los digo, pero algo si me quedó claro… LOS HOMBRES SON MÁS CHISMOSOS QUE LAS MUJERES, ESO QUE NI QUÉ.

 

He dicho.

 

 

Lengua filosita

Eso mero, eso es lo que tiene esta ratona hija mia, ¿por qué lo digo? Porque es demasiado atinada con sus comentarios, y está dotada de una muy buena dosis de sarcasmo y humor negro, que dicho sea de paso, son perfectamente bien aplicados, porque más de una vez me he quedado con cara de “¿Juay de rito?” (si, la cara de what? ya no rifa, lo de hoy es Juay de rito), aqui va la historia…

 

Resulta ser que nos encontrábamos a la salida de su centro escolar, ya terminadas las clases y me dio por conversar con la mamá de una de sus compañeritas, familia 100% musulmana y muy buenas personas; en eso andábamos cuando de repente, nos llegó desde quién sabe dónde carajos la emisaria más devota y defensora extrema de los ideales de la Congregación de la Vela Perpetua, es decir, la clásica señora ya entrada en años, con faldita negra, velo sobre sus hombros que, estando en santa misa coloca sobre su cabeza, suéter color canela y su librito de oraciones con rosario de plata incluido en su mano derecha. La emisaria del Vaticano, al ver a la pequeña y a su madre, de inmediato intuyó el origen de ambas, ya que la autora de los días de la amiga de Sara lleva cotidianamente su atavío característico; y no pudiendo contener su dosis de veneno (divino y piadoso, eso si … ¬¬), que suelta esta hermosura verbal:

– Dios mío, ya están los infieles por todos lados, pequeña (dirigiéndose a Sara), ¿no tienes cerca a un adulto que te oriente y lleve por el buen camino, qué no se dan cuenta de que tienes tratos con esta raza tan peligrosa?-

Antes de que yo pudiera decir una de mis coloridas y rítmicas mentadas de madre, mi ratona, sin inmutarse, se da la vuelta, encara a la divina cotorra, y con su nítida y fuerte voz, le responde:

-Buenas tardes señora, con la pena, pero le tengo qué decir que aquí la única cosa de raza peligrosa es usted misma, porque ni siquiera con Hércules, el mastín napolitano de mis abuelitos, nos hemos visto en la penosa necesidad de ponerle un bozal cuando sale a la calle, y precisamente eso es lo que debería hacer su familia con usted, no le quitamos más su tiempo, buenas tardes.

La piadosa cacatúa se quedó mirando a mi hija con una expresión que hablaba por si misma ( O_o), y justamente cuando abría su librito y quería comenzar a exorcizarnos, intervine yo; aunque admito que tuve que guardar la compostura y morderme la lengua para no hacer quedar mal al diplomático frutito de mi vientre y hacer evidente que su madre tiene vocabulario de bucanero, pero eso sí, de inmediato me atavié con el atuendo correcto para la ocasión (cola, cuernos y una hermosa coloración digna de la más jugosa pitaya) y fue mi turno de maldecir hablar:

-¿No escuchó a MI pequeña? No le quitamos más su tiempo, y si, tiene muchos adultos cerca, pero como pudo usted observar, es ella quien nos orienta muchas veces; por cierto, aquí cerca hay una tienda de mascotas, vaya y … pregunte si tienen bozales a su medida, chance y hasta lo encuentra con grabados de las pinturas de la Capilla Sixtina…-

Sin salir de su asombro, la roñosa mujer comenzó a orar( si, a orar, leyeron bien) por la salvación de nuestras almas, con lo cual, nos invitó cortésmente a mandarla a chingar a su madre retirarnos prudentemente del lugar y dejarla hablando sola.  Moraleja: Nunca, pero nunca le hagas ese tipo de cuestionamientos a un niño, porque siempre sabrá responder de manera adecuada y te hará quedar en el más grande de los ridículos, y ese, ni Dios Padre lo va a borrar jamás.

 

He dicho