¿Arcaica yooooooooooooo? :(

Pues si, así me lo insinuaron; no fue dicho directamente, lo peor no fue eso sino quién lo hizo, pero ahí les va la historia completa.  Resulta que el domingo 7  (yo no sé qué cuernos tiene de especial esta fecha, pero es cuando más seres humanos son concebidos… ¬¬), después de la comida, me encontraba yo en plena faena de lavar los trastes; Rebeca martirizaba jugaba con sus abuelos y reinaban una calma y un  silencio absolutos en la casa…  asunto que me preocupó sobremanera, ya que la otra ratona no daba señales de vida; y no existe en este mundo lugar más peligroso que una casa habitada por niños que esté silenciosa, así que dejé de hacer mis labores y salí de la cocina a buscarla; y es aquí en donde entra el siguiente diálogo:

 

Mitta: -Sara, ¿dónde estás?
Sara: -Viendo una película con mi prima.
Mitta: – Ah, en un momento las alcanzo.
Sara: – No mamá, no le vas a entender a la película, es muy complicada para tí.
Mitta: – (Ah chingá) ¿Pos cuál están viendo?
Sara: – Resident Evil …

 

Y es en este preciso momento en el que mi rostro sufre una mutación hasta dejarme como gemela de los gigantes de la Isla de Pascua, o sea, cambié de color y la mandíbula inferior me llegó hasta el suelo… ¡¡¡¿ Qué me quiso decir, que ya di el viejazo, que ya estoy chocheando ?!!!.  Si, lo acepto, hace ya un ratín que no voy al cine y ya existen muchas novedades (de hecho estoy emocionada, porque según me han dicho, las películas ya son habladas y a color), pero de eso a no entender un guión, pos hay mucha distancia. En fin, haciendo caso omiso a tan majadera implicación, me dirijo hacia donde se lleva a cabo la bélica proyección y me quedo a punto de morir por el soponcio de ver semejantes escenas; y aquí entra este otro diálogo:

 

Mitta: -Sara, ¿pero qué demonios estás viendo? ¡¡¡ Son puros destripados, no la amueles !!!
Sara: -Zombies mamá, se llaman zombies y no son demonios.
Mitta: -A mí me vale sorbete cómo los hayan bautizado, deja de ver eso que al rato no te vas a querer levantar al baño.
Sara: – Mamá (inserte suspiro hondo), relájate, esto es sólo una pe-lí-cu-la, ninguno de esos monos se va a salir de la pantalla para asustar a nadie.
Mitta: – (Al borde del llanto) ¡¡¡¿ Qué cosa ? Ya deja de ver eso y hazme caso !!!
Sara: – ¡¡¡ Osh, no me distraigas que si no, no le voy a entender, mejor al rato te la explico, ¿si? !!!

 

Ya para estas alturas, mi autoestima estaba en franco plan de tapete de Temoaya y el remate vino cuando la susodicha llegó a mi aposento y efectivamente comenzó a explicarme… Que si en la Colmena la cafetearon feamente porque se les escapó un bicho y sellaron todas las instalaciones porque ya hizo un matadero espantoso, que si Alice, un tal One, una tal Rain, un tal Kaplan y un pelotoncillo de la Umbrella no sé qué madres le entran al quite para salvar al mundo en 3 horas, que si los zombies son los empleados que no estaban muertos ni andaban de parranda …

En fin, me dió la sinopsis completita de la película, mientras se ponía su piyama, se lavaba los dientes, se peinaba y se metía a la cama; mientras tanto, a mí se me subía la presión nomás de imaginarme las espantosas imágenes que me estaba describiendo. Y ella, se metió a su cama, me dijo buenas noches con su respectivo abrazo y beso… y durmió como si no lo hubiera hecho en 4 de sus 6 años de vida.

Bueno, asi las cosas, los dejo, tengo que ir a tramitar mi credencial de la tercera edad.

He dicho.

Post dedicado con mucho cariño para mi hermano Julio, quien en lugar de meter en cintura a su sobrina, se pone de su lado… ¡¡¡ ¬¬* !!!

¿Cómo se llamó la obra?

Primer acto:  Muffin de chocolate y vainilla, con un toque de amaretto y almendras fileteadas,  solito y su alma en la mesa del comedor sobre un platito de talavera poblana; muy lindo, por cierto.

Segundo acto: 7:45 de la mañana, sale Mitta del baño, toda olorosa a sándalo y enfundada en sus pants azul marino con listas doradas, de los gloriosísimos Pumas, y de inmediato su radar depredador detecta la presencia del esponjoso ente.

Tercer acto: Cual elegante zopilote en barranco, Mitta desciende volando en círculos sobre la víctima y se queda pasmada contemplando el pequeño postre (o lo que es lo mesmo, ” ¡¡¡¿ qué es lo que estoy viendo ?!!! “).

Cuarto acto: Con sigilosos y extremadamente silenciosos movimientos, el depredador toma el botín y se dirige en chinga velozmente a la cocina (o lo que es lo mesmo, “ya valiste madre, pinche panqué  ¬¬ “) a preparar las ,seguramente, 7 tazas sabatinas de café (así es, los fines de semana me destrampo, entre semana nomás son 5); antes de que los pequeños depredadores hagan acto de presencia.

Quinto acto: Después de dos tazas del aromático y jarocho elíxir, el depredador mayor cae en éxtasis al saborear lentamente la perfecta pieza de repostería (o lo que es lo mesmo, “qué sabrosa estaba esta madre, verdad de Dios”), y se apresura a borrar las posibles huellas del crimen.

Sexto acto: 8:40 de la mañana; la mayor de las depredadoras pequeñas hace acto de aparición (o lo que es lo mesmo, Sara se levanta de la cama); y después de nuestro acostumbrado y efusivo buenos días, ella se dirige al comedor, regresando 5 minutos después, con ojos entre llorosos y enfadados.

Séptimo acto: -Mamá, no te comiste el muffin que estaba en la mesa, ¿verdad?

-Eh, no, no, ¿por qué? (fingiendo demencia, que a decir verdad, no me cuesta mucho que digamos)

-Ah, qué bueno mamá, porque ayer que no me dió tiempo de comérmelo, Rebeca me lo quitó y lo aventó a la maceta esa que tienes junto al sillón, y como la acababas de regar, pues se llenó de lodito y no se lo pude quitar… y Sara mirándome con expresión de profundo rencor, (o lo que es lo mismo “qué poca …”)

Octavo acto: En el preciso momento de escuchar semejante narración de hechos, Mitta siente que el estómago se le hace nudo y es víctima de un acceso de náusea total, mientras Sara degusta muy tranquila su taza de yogur natural. Al observar mi violenta reacción, la ratona mayor se coloca frente a mí y me dice -No es cierto mamá, estaba limpio, nomás que yo lo había dejado ahí para desayunármelo ahora… – Dicho lo cual, se retira para meterse a bañar…

¿Cómo se llamó la obra?…

¡¡¡ ÁNDELE, POR PINCHE AVORAZADA !!!

He dicho.

¡¡¡ ¿Perdón? !!!

A la 1:30 de la tarde recibí la llamada; la directora me necesita urgentemente para tratar un asunto relacionado a la conducta de Sara. Madre mía,  ¿qué hizo esta muchacha?, es la pregunta que me carcome el alma mientras me dirijo a la cita. No saben, me llena de júbilo, porque ya me la sé, la directora, con su cálida voz y su amigable presencia, me va a hacer sentir como el Guasón en la escena del interrogatorio con Batman, igualita, pos ya qué, al mal paso darle prisa y ya ni llorar es bueno.

Una vez en la sala de espera de la cámara de gases oficina de Heinrich Himmler Miss Isaura, me topo con el frutito de mi vientre, muy bien sentada toda ella, y con esa cara endemoniadamente pícara que ustedes están viendo. Le pregunto la razón por la que nos encontramos con la SS señora directora y sólo me responde con un sobrio “No lo sé”. Ah caramba, eso sí me tensa en exceso y me siento junto a ella para esperar la hora de la ejecución cita. Por fin nos reciben y comienza mi asombro desde que entro a la oficina.

Ahí se encontraba la maestra de Sara, con una palidez digna de cualquier cirio pascual de calidad (o sea, pálidamente blanca como vela de parafina, de esas que no sueltan humo negro); la psicóloga del kinder y la directora en cuestión, todas viéndonos con caras de gárgolas medievales. Eso, lo único que consigue es provocarme unas inmensas ganas de llorar, porque si la cosa pinta así, tan macabra, creo que no saldremos bien libradas de este asunto. Después de unos 10 minutos de incómodo silencio, la psicóloga se decide a hablar.

Resulta que en clase, el grupo de Sara estaba tratando el tema de los animales y su género (ejemplo, toro y vaca, caballo y yegua, etc.). Los compañeritos andaban en franco plan participativo y muy contentos, menos Sara, que se encontraba bastante pensativa en su lugar. Al preguntarle la maestra la razón de su mutismo, mi hija se limita a responder: “Ya sé qué es el sexo oral”… ¡¡¡ Horror de horrores, sacrilegio absoluto !!!. La maestra, aún en shock, la toma inmediatamente de la mano y la refunde a la dirección si siquiera preguntar nada. Aislada de todo contacto con el resto de su comunidad escolar.

Honestamente, cuando yo recibí esta información, sentí que la tierra me tragaba, reacción lógica y normal, incluyendo la inmediata ruborización de la que fui víctima y, con esta piel que me cargo, mi rubor debió haberse visto hasta Nueva York (eso espero, eso espero de verdad), cosas que desaparecieron en cuanto comienzo a recibir los regaños de las tres personas que se encontraban ahí, listas para darse un festín cuales viles buitres. ¿Es que acaso no tiene usted cuidado en manejar este tipo de material? (porno, por supuesto),  ¿Cuando tiene usted estas actividades no tiene la precaución de cerrar la puerta?.

Estas preguntas bastaron para que brotara mi Rottwellier interno y, pues ni modo, que les brinco a las tres; ” EN PRIMER LUGAR NO PERMITO ESTE TIPO DE CONFIANZAS, MI VIDA PRIVADA NO TENGO POR QUÉ DISCUTIRLA CON USTEDES, EN SEGUNDO LUGAR, YO NO NECESITO ESE TIPO DE “MATERIAL”, EN TERCER LUGAR, LES VALE SORBETE EN DÓNDE HAGA YO MIS COSAS, ASÍ SEA EN LA COCINA O EN EL TINACO, LES VALE, Y CUARTO LUGAR, Y MÁS IMPORTANTE, ¿YA LE PREGUNTARON A SARA QUÉ QUISO DECIR CON ESO?”.

Inserten ustedes bufidos y rascados de suelo al más puro estilo de toro de lidia encabritao, y las tres haditas del bosque dirigen la mirada hacia mi hija, que seguía ininmutable y ecuánime ante esta situación. De inmediato, la psicóloga le pregunta  eso último y mi princesa, sin perder la compostura, les responde: “Ya sé qué es el sexo oral; es cuando te preguntan si eres hombre o mujer” Mandíbulas trabadas sin poderse cerrar, palideces aumentadas al mil por ciento y caras de no saber si reir o llorar. Le pregunto a mi niña que en dónde había escuchado ese término y me responde “En la mañana, el taxista traía en su radio un programa que hablaba de eso, sexo oral, aunque no entendí por qué cuernos debe sentirse rico cuando nos pregunten eso”.

Hora y media de disculpas después nos dirijimos a casa, Sara tratando de agarrar una mariposa blanca y yo, jurando poner atención en esos pequeños detalles y dejar de papalotear pensando en otras cosas, porque otra de éstas no creo aguantar, no señor.

He dicho.

Emperador Espurio

Esto me sucedió el dia de hoy. Después de dejar a mi retoño mayor en su templo del saber, me dirijo a impartir mi mañanera clase de tkd, cabe decir que estoy apoyando a un compañero que resultó gravemente lesionado, pero eso es otro cantar. Al terminar mi actividad, me encamino a conocido supermercado para hacer mi despensa. Primero me dirijo al cajero automático para asaltarlo disponer de mi efectivo tranquilamente, ya que lo que iba a adquirir no ameritaba el uso de tarjeta.

Comienzo muy tranquilamente mi recorrido por los pasillos, agregando mis mercancías a mi carro, repaso que no me falte nada y me encamino al área de cajas.  La señorita cajera,  huelga decir,  se encontraba en la mejor disposición para hacer su trabajo, muy amablemente me recibe en su puesto laboral y me hace la consabida pregunta “¿Encontró todo lo que buscaba?”;  a lo que respondo afirmativamente, mientras me dejo invadir por el navideñísimo aroma de los pinos naturales (Chingue su madre el Ajusco, lo de hoy  son los árboles naturales, ¿que no?).

Al pasar ya mis mercancías por el escáner, la amable cajera me informa el importe de mi compra, y yo, quitada de la pena, le extiendo el papel moneda que  sujetaba en mi santísima manita. Al recibirlo, la amable señorita se convierte en víctima de una infame mutación;  de cálida y servicial muchacha,  en aterrorizante alebrije malhecho de Oaxaca.

Me dirije una mirada de ésas que dicen “Disuélvete Concha”  y se concreta a decir “¿Me permite un momento, por favor?”, obteniendo una respuesta aprobatoria de mi parte (bueno no, de mi parte no, más bien le dije que si). Al poco tiempo, llega acompañada de un sujeto al que sólo le faltaba la mecha para ser una perfecta vela, alto y amarillento; y con una aflautada voz de mezzo soprano, me dice “Buenos días, damita, me informa mi compañera que usted quería pagar su mercancía con este billete falso, y pues, así, no creo que se pueda llevar nada.”

Ahora la que sufre terrible mutación es su servidora, de apacible y recién bañada y ejercitada persona, a gárgola medieval, de ésas que tienen la lenguota de fuera, y  lo peor es que también obtuve algo de alebrije, un poco de sapo por aquí, otro poco de dragón por acá y una pizca de gallo más allá; todo esto aderezado por el más bello y exótico muestrario de colores;  que iba desde el verde vejiga, hasta el negro contundente (no, no es albur).

No sé qué tan terrible fue el aspecto que obtuve, pero  las dos almas buscaron de inmediato un lugar para salvaguardar su integridad (atrás del mostrador de la heladería La Michoacana) y desde su trinchera me mostraron el billete, $100 de falsedad, ya que el Emperador que ahí se exhibe, era más bien un clon de Bart Simpson, ojos saltones de expresión pícara. En mi legítima defensa alegué que ese billete lo acababa de extraer del cajero que se encontraba instalado dentro del mismo supermercado, a lo que otro cliente respondió que, efectivamente, ese cajero estaba sacando billetes falsos, él tenía en la mano uno de $1000, pero estaba peor que el mío, en el suyo, el cura Hidalgo lucía una melena más llamativa que las rastas de Bob Marley.

Después de que se comunicaron al banco (Banamex), nos piden disculpas por el trato tan violento y rudo que nos dieron, a lo que yo supuse que nos iban a decir que nuestro consumo era de a grapa, pero…

¡¡¡ SÍ, CÓMO NO !!!  Cáigase con su lana o deje las cosas aquí.

Ya para cuando llegué a mi casa, mi tranquilidad, paz y armonía estaban transformadas en coraje entripado tan intenso que tuve que refinarme una tazota de té de valeriana y lúpulo, para no sentarme a llorar.

Moraleja: cuando se dispongan a pagar algo en efectivo, por favor revisen que el personaje que venga impreso sea el correcto, no vaya a ser la de malas que en lugar de Morelos, vaya a estar el méndigo Juanito con todo y su banda roñosa y les toque hacer un mega oso como el mío, aún no puedo regresar a la tienda.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.